No hay nada más inútil que un reino – o una república – en la que los gobernados exigen a los gobernantes lo mismo que éstos a aquellos : hiper-especializarse en cualquier quehacer concreto para resultar económicamente rentable y consumir en los tiempos no-productivos.

La dictadura de la utilidad de los saberes y las personas, así como el sagrado imperativo de la eficacia contable de cualquier actividad humana, es puro neo-fascismo, y no hace sino aumentar exponencialmente el aburrimiento, el nihilismo y la frustración de la gente.

Hemos nacido para devenir personas con sensibilidad intelectual, estética y moral. Recordarlo, a día de hoy, sigue siendo tan molesto como lo era hace décadas. Por eso, hay que provocar sin remordimientos a la hegemónica imbecilidad de los seres-nada y a sus clichés culturales convertidos en verdad revelada.