Hace unos días tuve la oportunidad de leer la curiosa tesis de un letrateniente del nacionalismo gallego castizo; el de siempre, el de toda la vida, el rústico y enxebre, el castizo, el más auténtico entre todos los auténticos, vaya.

Defiende, este letrateniente, la tesis de la galleguidad de Cristobal Colón, y el fundamento más profundo que aporta para ello es el conocimiento – ignoro de qué fuente – del hecho de que llegó a negarlo. No sé si oralmente. No sé si por carta. No sé si en público. No sé si en privado, tampoco; la cuestión es que nuestro muy autodeterminado letrateniente hace ya un tiempo que se ha puesto manos a la obra e incluso le permiten airear la tesis en algunos periódicos.

Se caracteriza, tan histriónico personaje, por su tendencia a usar constantemente la primera persona del singular. Yo ya dije. Yo ya vi. Yo ya sabía. Yo ya anunciaba. Tiene un don especial para la predicción en base a nada, una especie se sexto sentido que le viene de su proverbial conexión con las telúricas esencias de la tierra, de la unión del pueblo gallego (UPG) y de Galicia, que en su imaginario vienen a ser algo así como el padre, el hijo y el espíritu santo de la galleguidad, pero en versión laica.

De vez en cuando da algún que otro mitin en el que, textualmente, afirma las tablas mosaicas de la ley de su particular visión del nacionalismo gallego, siendo el primer mandamiento de una profundidad que quita el hipo :

– «Porque, irmans, temos que ter ante todo claro, que nós somos nós, e eles son eles. Iso é o que temos que ter claro»

Traduzco, por si acaso : -«Porque, hermanos, tenemos que tener ante todo claro que nosotros somos nosotros, y ellos son ellos. Eso es lo que tenemos que tener claro».

Siendo nosotros, caro diario, los nacionalistas gallegos; pero no cualquiera, no, sino los auténticos. los pata negra. Y siendo ellos, como no, los mismos que les niegan ese auto-entronamiento simbólico. Todo campo gravitatorio que se encuentre entre esos dos pronombres, no existe, porque Don Alfonso Eyre tiene prisas por pasar a la historia, y quizás por ello la escriba y la estudie tan mal.

Don Alfonso Eyré es de todo : es historiador, es militante histórico, es llave, puerta y antemural del nacionalismo contemporáneo, es el centro de gravedad, en primera del singular, a través del cual se ha de interpretar la historia contemporánea de Galicia, es historiógrafo, y sí, también, novelista.

En sus novelas hay mucho diálogo, mucha memoria y mucha primera del singular, también, y desde ahí, toda situación es susceptible de interpretarse como un guiño a través del cual emana su diáfano galleguismo : repito, el de verdad, el que tiene a nuestras tiernas vaquitas, nuestros verdes prados, nuestras simpatiquísimas y bonachonas gentes del rural y nuestros adeus ríos, adeus fontes, adeus regatos pequenos como paraíso narrativo de las esencias patrias. Más allá de la verde y bucólica estepa, no hay galleguidad que no sea sospechosamente inauténtica.

En una ocasión, cuando era el que aquí escribe más ingenuo aún de lo que es ahora, cometió el error de querer conocerlo y ofrecerle escribir para un periódico que él mismo dirigía. Como Don Alfonso Eyré es, además de muy gallego, muy pero que muy rojo, el más rojo de entre todos los rojos de la verde estepa, tuvo la coherente idea de financiar a su diario con dinero proveniente de las familias acaudaladas del sector inmobilliario gallego afines al partido popular. Esta fue, caro diario, su brillante estrategia para mantener la independencia ideológica y la autosuficiencia económica de un periódico que rezaba la pretensión de continuar con la filosofía y el proyecto histórico del galleguismo republicano de izquierdas

Lo conocí en un bar de mi pueblo natal, rodeado de galleguistas muy históricos – porque todos los galleguistas de pedigrí son super-históricos – que entonces se cansaron de la santa inquisición de la UPG dentro del nacionalismo gallego y construyeron otras alternativas que empezaron desde la más absoluta nada para llegar exactamente al mismo lugar : a la nada.

Y allí, precisamente, pude experimentar la más estridente y burda mezcla de vulgaridad intelectual, mal gusto y mala educación que he visto a lo largo de mi corta vida. No tuvo siquiera la amabilidad de presentarse, a pesar de haberme hecho viajar desde A Coruña hasta mi pueblo natal con la supuesta intención de hablar sobre la situación de su periódico; las primeras palabras que me dirigió y el primer saludo consistieron en tocarme el hombre con el dedo índice y decirme «Rapaz, he leído cosas que has escrito sobre Paco Rodríguez, y no tienes ni puta razón en lo que dices».

Tienes que saber, caro diario, que Paco Rodríguez era el de aquellas lider de la UPG. Ahora no te haré un retrato de él porque es de mala educación hacer bromas con los jubilados, así que sigamos :

Ante tales modos, y sin aclararme a qué palabras se refería y en qué sentido no las compartía, no pude reaccionar de otro modo que mirándole a los ojos y encogiendo los hombros. Al parecer, le habían molestado unas palabras en las que insinuaba que la UPG ejercía una especie de control férreo y rígido de la vida cultural y política interna del BNG; estaba, en verdad, convencido de esa tesis, porque ésta misma fue la que me llevó a avalar el divorcio interno entre el Beirismo y las sensibilidades más ortodoxas dentro del nacionalismo gallego.

Ahora que he vuelto, después de preveer – con conocimiento de causa y sin pontificar, obedeciendo a mis propios motivos, que escritos están – la fragilidad interna de los proyectos alternativos, y de sentir verguenza ajena ante el narcisismo televisado en el que ha devenido el epílogo de Xosé Manuel Beiras, tengo una tesis diferente : el problema es la falta de aggiornamento del BNG y el miedo de sus altos cargos a afrontarlo; apenas existe debate social interno, y no sólo ad intra, también en la sociedad civil gallega, con minoritarias y marginales excepciones, se ha abdicado por completo de pensar Galicia a la altura del momento histórico, asumiendo la complejidad de la crisis civilizacional que se nos viene encima. Es una profundísima crisis civilizacional a escala planetaria que se plasmará, evidentemente, a escala nacional-gallega.

Pues bien, este es el reto intelectual y político que el BNG más, por así decirlo, ortodoxo, más realista, más electoralista, más acomodado a la realpolitik del sistema de concurrencia y competición política de los estados liberales, no puede, no quiere o no sabe encarar intelectualmente todavía.

Hay un exceso sobrante de populismo ramplón, de costumbrismo decimonónico, de optimismo ingenuo, de voluntarismo estéril, de nadería y de vulgaridad intelectual dentro del BNG, como lo hay en cualquier partido politico, y no sólo dentro, sino fuera de las dinámicas de partido.

Don Alfonso Eyré, el esperado, el necesario, nunca admitirá su humana, demasiado humana, contingencia; es tan sólo un insignificante átomo, muy representativo, eso sí, de una especie de superficial letrateniente de sensibilidad ética e intelectual similar, totalmente irresolutiva a efectos teóricos y prácticos; de la misma estirpe son familiares y no familiares suyos que tratan de perfumarse en mi pueblo natal con la aureola de poetas y cuadros políticos de auténtica estirpe nacional y libertaria.

Son éstos seres, caro diario, impregnados de esa nueva variedad de analfabetismo contemporáneo que no hace sino producir un enxebrismo identitario profundamente anacrónico y chabacano con el que, ni la memoria oral de nuestros padres y abuelos, ni el deseo de las nuevas generaciones, han tenido nunca vínculo alguno.

Sé que soy cruel, pero me molesta gente tan vulgar : no es que yo sea, ni mucho menos, un ejemplo de excelencia moral e intelectual, en absoluto, pero la democracia que iguala las capacidades y habilidades de los seres llegando a dar protagonismo a zombies y analfabetos como monsieur monsieur Alfonso Eyre y parte de su estirpe, familiar, debiera ser criticada hasta por Monseñor Méndez, mi querido Párroco : de revolucionario tiene más bien nada, pero posee el don de escuchar sin avasallar, de pensar las cosas muchas veces antes de escribirlas, buscándoles la fuente y la semilla, de sacarle de verdad el polvo a los libros antes de hablar de ellos… y de no poner palabras en boca de otros que esos otros no han dicho. A este paso, escojo otra orientación sexual y me caso por lo civil con Monseñor, al que tampoco le hace mucha gracia estar atado al cristianismo realmente existente en España. Entre tú y yo : creo que incluso el Concilio Vaticano segundo le queda ya pequeño.

En cualquier caso, convendrás conmigo en que también en el nacionalismo gallego de izquierdas, como campo cultural e ideológico, hay muchas jubilaciones que tramitar, muchos egos a los que callar y mucha reflexión que re-activar.

Espero que esta noche no me lluevan estigmas desde el comité nacional de Santiago. En cualquier caso, no me importa : en Chantada, mi pueblo natal, tengo fuentes suficientes, de momento, en las que poder lavármelos.