A ÁLXEBRA DO MEDO

Diogo Tabuada

Author: Diogo Tabuada (page 1 of 150)

Caro diario (8)

Lo admito, soy capaz de creer en absolutamente todo y, a la media hora, acabar creyendo en absolutamente nada. La única constancia de la que soy capaz es esta inconstancia mía, esta entropía interior sin reglas que se toma el tiempo que le da la santa gana para empezar de nuevo cualquier tarea o relación humana que he dejado a medias en el pasado.

No me siento capaz de generar expectativas en nada, sobre nada y en nadie; mi modo de proceder es radicalmente arbitrario y en las cosas del corazón la democracia me importa un pito : si me apetece seguir con algo o alguien, y si a esa persona no le desconcierta mi natural tendencia a la entropía, retomo lo andado. Si no me apetece, simplemente preparo estratégicamente un educado y discreto punto de fuga : me voy para no volver, dando las explicaciones justas.

Reconozco que es un modo de ser y estar en la vida ciertamente extraño y desconcertante, pero es realmente lo que vuelve a mis vísceras, una, y otra, y otra vez, después de intentar auto-engañarme con que cumpliré con las expectativas lógicamente esperadas. Cuanta más sintropía, armonía y planificación, trato de crear en mi vida, más fuerte me rugen las tripas exhortándome a salir del círculo cerrado de la entropía : sé, con toda la discreción y humildad de la que soy capaz, que sea aquello en lo que en el futuro pueda creer o no, este chisporroteo constante entre los cantos de cisne del orden, de la armonía, de la sintropía, van a convivir siempre en tensión con los cantos de sirena del desorden, del caos y de la entropía.

Mi mundo espiritual y afectivo, sea eso lo que demonios sea, caro diario, no tiene reglas. No las ha tenido nunca. No puede tenerlas. Consiste en tender hacia aquello que intuyo que puede elevar el gozo físico e intelectual de vivir, y no tengo una fórmula, un manual, un absurdo y patético discursito de motivación, que pueda dar pistas a nadie.

Cuando uno desea saber más, cuando nace con el ansia de saber, y ésta se convierte en fatum, la vida va desarrollándose poco a poco y todas las estrategias se pulen con precisión de cirujano para caminar hacia ese fin. Lo mismo pasa cuando uno desea, a palo seco, vivir, seguir viviendo; la imaginación proyecta siempre modos de huir de las energías muertas, de la palabra y el comportamiento previsible, y el futuro pasa a ser tan aterradoramente incierto, peligroso e imprevisible como lo era cuando éramos niños, antes de que nuestros padres empezasen a transmitirnos toda esa retahíla de medias-verdades con la intención crearnos simplemente seguridades verbalizadas.

Tal es la violencia y tales los daños colaterales del amor paterno y materno filial, caro diario, cuando confunde el amor con la sobreprotección de la vida interior. Como si la sensibilidad necesitase de pólizas de seguro afectivas para desarrollarse en un niño, y no la mirada atenta de un aprendiz que se asombra ante el asombro de su hijo, creciendo y expandiéndose con él.

A mí todo me ha resultado desde siempre misterioso y violento. Absolutamente toda mi vida, dentro de la aparente calma cotidiana, me ha vibrado con misterio y violencia a cada instante. Desde el origen del cosmos a la política. Desde el amor paterno o materno filial hasta el amor de pareja. Desde la amistad hasta el sexo. Desde la fe hasta la ciencia. Cualquier circunstancia o modo de relación posible entre dos seres vivos me parece mismamente eso, misterioso y violento.

Misterioso, porque no me parece posible comprenderlo de modo definitivo una vez que uno lo observa con la misma predisposición con la que suele observarlo un escritor – que no es más que un filósofo al que no han podido domesticar las convenciones académicas -. Violento, porque allí donde chocan y se encuentran energías vivas, crear el tenso equilibrio necesario entre una erótica cercanía, una calculada distancia y una agresión verbal o física, sólo puede ser elevado a la categoría de un arte que nunca nos ha aprendido, ni nos aprenderán nunca, en ninguna escuela.

Ese arte, caro diario, es el arte al que aspiro, y no se destila sólo con palabras, porque no bastan para ello.

Hace un día fantástico

  • Pero, entonces, usted cuando escribe?
  • Cuando me apetece
  • No se somete a una disciplina, a un horario?
  • Pues no, la verdad
  • Entiendo, y usted ha publicado algo?
  • No, me da mucha pereza
  • Pero ha escrito algo, entonces?
  • Sí, claro
  • No sé, si no ha publicado, usted no puede ser escritor
  • Oiga, usted folla o riega sus plantas?
  • Por supuesto
  • Si lo llamo follador y regador me acepta los adjetivos?
  • Bueno, sí, follador es el que folla, con cierta habitualidad, claro. Y regador el que riega.
  • Entonces, escritor es el que escribe, con cierta habitualidad, supongo
  • Visto así….
  • Y visto de la otra manera, también
  • Y para prensa, ha escrito?
  • Sí, claro, mucho y gratis
  • Y eso?
  • Eso, qué?
  • Lo de gratis
  • Gratis significa por nada
  • No me entiende
  • No; no se preocupe, otro día
  • La verdad es que es una pena que usted no escriba regularmente para una editorial
  • No sé, a mí las editoriales, los periódicos y los matrimonios me parecen aburridos
  • ¿Mande?, no veo la relación
  • En una editorial firmas un contrato, en un matrimonio, también. En un periódico, idem. Después de la firma, murióse la verdad y la aventura
  • Es usted un poco extremista; ¡se trata de la belleza, no de la verdad ni de la aventura!
  • Se trata de todo eso sopesado en el trato, el contrato no me importa
  • Bueno, pues nada, no será usted conocido
  • No sabe cuánto me alivia
  • Su obsesión por la integridad es obsesiva
  • Si no no sería obsesivamente eso
  • Pero toda obsesión es mala!
  • Qué obsesión con la obsesión, amigo
  • Me está tomando el pelo?
  • Hace buen día hoy… verdad?
  • Creo que su problema es que tiene mucho ego
  • me, mehi, mihi, me ….
  • ¿Qué dice?
  • Son pronombres latinos
  • Eso es una lengua muerta que no sirve para nada
  • Más muertas están las piedras, y vallan los campos
  • Ah ….
  • Hablando en serio, creo que debería tener usted más ambición, más profesionalidad, cambiar un poco de actitud, ¡todos tenemos un precio!
  • El mío creo que aún lo están discutiendo
  • Usted tiene un precio como todo ser bajo el cielo. Y presumir de integridad denota arrogancia.
  • No lo niego, ni lo de la arrogancia, que no mata, ni lo del precio, tampoco : otra cosa es que sea apto para la venta
  • Bah, paso, es usted un cínico
  • Pues sí eh? : hace un día fantástico!!!

Del amor y del magma

El corazón de la tierra es magma

y a mí me pretendes frío e inerte :

¿Será evidente que huyes

del horno donde la vida cuece?

El corazón de la tierra es magma, ¿desmoraliza? :

quizás prefieras ese amor de estufa

que tanto  tranquiliza

25 de Septembro, 2019

  • “Oh, tan efémero é o home que aínda alí onde ten a verdadeira certeza da súa existencia, alí onde deixa a única verdadeira impresión da súa presenza, na memoria, na alma dos seus seres queridos, tamén alí ten que apagarse, desaparecer, e facelo en pouco tempo”. (Sobre o carácter transitorio e efémero da memoria – en abstracto, como capacidade humana -, e polo tanto tamén do recordo, dos contidos concretos dos recordos cos que interpretamos os acontecimentos históricos e ás persoas. Aquí, Goethe é demoledor e valente des-sacralizando e des-mitificando a memoria e recordándonos o seu carácter efémero e transitorio, destinado a apagarse no tempo).

 

  • “Oh, por que tivo que nacer con este ímpeto, esta paixón indomitamente teimosa para todo o que toca!. Prégollo – continuou ela colléndoo da man -, modérese!. O seu espírito, os seus coñecementos, os seus talentos, cantas satisfaccións lle ofrecen!. Sexa vostede un home!. Afaste este triste apego dunha criatura que non pode facer outra cousa que compadecelo. El rinchou os dentes e mirouna adusto. Ela termoulle da man : Só un intre de mente en calma, Werther – dixo ela -. Non sente vostede que se está a enganar, a se destruir por vontade propia?. Por que a min, Werther?, xusto a min, a propiedade doutro?”. (Sobre o carácter auto-destructivo da obstinación Romántica; é sintomático que Lotte se auto-interprete a sí mesma coma “propiedade” de Albert)

 

  • Temo, temo que é únicamente a imposibilidade de me posuir o que lle fai tan atraente este desexo”, (Creo que esta simple liña é suficiente para radiografíar o que é a motivación existencial profunda do romanticismo : a “imposibilidade” – ou o que nese momento semella un “imposible” – coma o elemento magnético, por así decilo, que fai atraínte á sensibilidade romántica)

25 de Septembro, 2019

Este é, sen dúbida, o meu parágrafo favorito :

  • Que homes son estes cuxa alma enteira se basea no cerimonial, cuxo anhelo e aspiración durante anos se dirixe a como se poderen coar ata unha cadeira máis enriba da mesa!. E non é que non teñen outras ocupacións : non, máis ben os traballos vanse amoreando, precisamente porque os pequenos desgustos da promoción lle impiden a un despachar as cousas importantes. A semana pasada houbo leas durante un paseo en zorra, e toda a diversión se botou a perder. Eses parvos non ven que, en realidade, o posto non é importante e que aquel que ocupa o primeiro rara vez desempeña o primeiro papel!. Canto rei é gobernado polo seu ministro, canto ministro polo seu secretario!. E quen é entón o primeiro?. Aquel, paréceme a min, que supervisa os demais e ten tanto poder ou astucia como para utilizar as súas forzas e paixóns na execución dos seus proxectos. 

25 de Septembro, 2019.

  • “É certo, roubar é un vicio, pero o home que, para se salvar a sí mesmo e os seus da inminente morte de fame, sae a roubar, merece compaixón ou castigo?. Quen levanta a primeira pedra contra un marido que, na súa xusta ira, sacrifica a súa infiel muller e o seu indigno seductor?”. (Este é o parágrafo máis explícitamente patriarcal e violento no “Werther”, e o cómico do mesmo consiste en que, en tan so tres liñas, unha concepción totalmente anti-conservadora en política penal, que refuga por completo da noción de castigo ao preso, coexiste coa xustificación retótica do asasinato á muller infidel) . 

 

  • “Ai vosoutros, a xente razoable – exclamei sorrindo -. Paixón!, embriaguez!, tolemia!. Estades aí tan impasibles, tan sen compaixón, vosoutros, os homes decentes!. Rifádeslle ao bebedor, aborrecedes o insensato, pasades diante coma o sacerdote e agradecedes a Deus, igual ca os fariseos, que non vos fixese coma un deles. Mais dunha vez estiven bebedo, as miñas paixóns nunca estaban lonxe de tolemia e de ambas as cousas non me arrepinto : porque aprendín a cpmprender á miña medida como todos os homes excepcionais que fixeron algo grande, algo que parecía imposible, desde sempre tiveron que ser proclamados bébedos e tolos”. 

 

  • “A natureza humana – proseguín -, ten os seus límites : pode soportar a ledicia, e o sufrimento, as dores, ata un certo grao, e vénse abaixo en canto este se excede. Polo tanto, aquí non ñe cuestión de saber se un é feble ou forte, senón de se pode soportar a envergadura do seu sufrimento, sexa moral ou físico : e eu atopo igual de estraño dicir que é covarde o home que se quita a vida, como sería inadecuado chamar covarde a quen morre dunha febre maligna” 

 

  • “Non hai outra ledicia cálida e verdadeira neste mundo que ver unha alma grande que se nos abre”

 

  • E a culpa diso tédela vós, que me empuxastes a este xugo cantándome as marabillas da actividade, actividade!. Se non fai máis ca min quen bota patacas e cabalga á cidade a vender o cereal, entón quero penar outros dez anos na galera á que agora estou soldado. (É evidente que aquí hai unha repulsa explícita da ética protestante e da súa explícita paixón pola laboriosidade).

24 Septembro 2019. Lendo a Goethe.

  • Que vosoutros, os homes – exclamei -, para falar dunha cousa, deseguida teñades que dicir : isto é insensato, isto é prudente, isto é bo, isto é malo!. Pero qué quere dicir todo iso?. Que por esa razón pescudastes as condicións internas dunha acción?. Sabedes de certo desenvolver as causas polas que se produciu, polas que tivo que producirse?. Se o fixérades, non seriades tan precipitados nos vosos xuízos. 

 

 

Luns, 23 de Septembro 2019

Remato o Werther; transcribo ao diario as pasaxes que me atraparon; algúns, pola precisión coa que chega a conectar coas perennes contradiccións da humana conditio, tendo en conta sempre que, na sensibilidade romántica, representación e idealización – no senso anti-analítico e anti-empírico do termo -, van sempre da man.

  • “Benquerido Wilhelm, pensei abondo sobre o degoro do home por se esparexer, facer novos descubrimentos, vagar; e logo tamén sobre o instinto interno de se someter voluntariamente á limitación, andar polas rodeiras do costume sen preocuparse pola dereita ou pola esquerda”.  (Sobre o noso humán e contradictorio desexo de rachar cos límites, de procurar algo máis que o coñecido… mais tamén, de autoimpornos límites e costumes).

 

  • “Oh, coa distancia pasa como co futuro!. Un gran todo difuso xace perante a nosa alma, o noso sentimento esvaécese nel igual ca o noso ollo e arelamos, ai!, entregar todo o noso ser, deixar que nos encha o pracer dun único sentimento grande e magnífico.. e, ai!, cando nos achegamos correndo, cando o alí se converte no aquí, todo é coma antes e permanecemos na nosa pobreza, na nosa limitación, e a nosa alma ansía o solaz perdido. Así  o vagabundo máis inquedo finalmente anhela outra vez a súa patria e atopa na súa choza, no peito da súa muller, no circulo dos seus fillos, nas ocupacións para a súa mantenza, o pracer que buscou en van no ancho mundo(Sobre o noso humán e contradictorio desexo de trascender o dado no presente, proxectándonos cara o futuro… mais tamén de desexar a volta de “aqueles marabillosos anos” perdidos). (Hai, tamén, un claro ideal de vida que radiografía claramente unha cosmovisión patriarcal : o pracer e a felicidade na compaña doméstica da casa, fillos, muller e nación propia. Por suposto, é o varón o encargado de ocuparse da mantenza dos seus vástagos).

 

  • “Si, benquerido Wilhelm, os nenos son o máis próximo ao meu corazón na terra. Cando os miro e vexo nesa cousa pequena os gromos de todas as virtudes, de todas as forzas que tanto van necesitar algunha vez; canvo vexo na teimosía a futura constancia e firmeza do carácter, no descaro e o bo humor a lixeireza para esvarar por riba dos perigos do mundo, todo tan inocente, tan completo!. Entón, sempre, sempre me repito as palabras de ouro do mestre dos homes : se non vos volvedes coma un deles!. E agora, inmellorable amigo, aqueles que son os nosos semellantes, os que deberiamos ver como o noso modelo, tratámolos coma súbditos. Non deben ter vontade!. Se cadra, non temos nós ningunha?. E ónde radica o privilexio?. Porque somos máis vellos e máis listos.!… Bo deus do ceo, ti ves nenos vellos e nenos mozos e máis nada; e os que máis ledicia che dan hai moito que o teu fillo o proclamou. Pero eles cren nel e non o escoitan – outra cousa antiga! – e forman os seus fillos á imaxe deles e… Adieu; Wilhelm!. Non querro discorrer máis sobre o asunto”. (Ao igual que a divinización dun rol/modelo concreto de muller, tamén existe a divinización dun rol/modelo concreto de neno. Ámbolos dous son propiedade e deber de mantenza do varón. O tamiz da cosmovisión cristiá, é evidente e explícito).

 

 

Cocos

Ao longo da miña vida levo coñecidos moitos cocos. Teñen unha natureza tan evolutiva coma a vida de cadaquen e, abofé, foron e son a principal motivación para seguir metendo precisamente o naris alí onde mo prohíban. Na miña nenez temperá  o coco estaba tanto dentro coma fóra do espazo de seguridade do fogar familiar, isto é, baixo a cama e no xardín. O santo remedio do que aquí escribe foi adequerir o costume de mirar tódalas noites baixo a cama para asegurarse de que non andaba por alí augando a festa da súa imperturbable paz interior.

Porén, cando saía sozinho da casa rumbo á gardería adequerín o costume de camiñar polas adoquinadas rúas de Rheinffelden cunha perpetua ansiedade contida. O motivo é tan sinxelo coma complexo : canto máis indeterminados, descoñecidos e insituados son os medos que o ser humán constrúe, maior é a sensación de inseguridade que xeran e menores as posibilidades de facerlles fronte. Se o coco estaba na cama, existía un espazo e un tempo concreto, e polo tanto, a posibilidade de comprobalo e vencelo, mais se o coco estaba fóra da casa, o espazo e o tempo ensanchábanse case infinitamente e, polo tanto, podía estar en calqueira tempo e lugar asumindo múltiples formas. Isto último, asegúrovolo, causábame xa máis respeto, pois entón o coco podía ser o varrendeiro, a carteira, os meus compañeiros de aula, a xente coa que batía na rúa, o zapateiro, o camareiro.. etc. O coco podía estar, ademáis, tralo enorme piñeiro do xardín, baixo os adoquins desencaixados, na mochila, entre as reixas das fiestras de madeira, no esquinal dunha rúa, baixo o burato do fregadeiro, baixo a xema dun ovo ou no peto interior do chuvasqueiro.

Van mudando os tempos, van mudando as persoas, e a palabra coco vai desaparecendo do vocabulario paterno-materno filial cos últimos coletazos da adolescencia temperá e coa chegada diso que chaman adolescencia a secas, a día de hoxe infinitamente prolongada até a morte grazas ao síndrome Peter Pan globalizado e á súa irracional paixón por reivindicar unha vida tan plenísima de dereitos, caprichos e privilexios como carente de compromisos e responsabilidades.

E daquí cara adiante, dende a susodita adolescencia, os cocos sinxelamente mudan, multiplícanse por mil e, iso din, fanse máis realistas e  menos fantásticos : o medo a perder o traballo, á ruptura matrimonial ou de parella, a non ser aceptado polo grupo, a morrer, a enfermar, a non ter éxito na vida, á tristeza, á depresión, a non chegar a fin de mes, en fin, o que ben poderiamos resumir coma o medo a sufrir experiencias que o sentido común considera como física e emocionalmente dolorosas.

Dicía Arundathi Roy, nunha recente entrevista concedida co gallo da publicación da súa última novela – O ministerio da felicidade suprema -, que redefinir o significado da verba felicidade e éxito nas nosas opúlentas sociedades de consumo ostentoso tórnase cada vez máis importante. Á luz dos feitos, no que á miña persoa atinxe, sospeito que os cocos realistas que causan medo e sufrimento a quenes queren pasar por adultos non son sempre máis reais que os fantásticos cocos da miña nenez.

Walter mignolo en “La universidad desconocida”

Older posts

© 2019 A ÁLXEBRA DO MEDO

Theme by Anders NorenUp ↑