A ÁLXEBRA DO MEDO

Diogo Tabuada

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Excentricidades.

(Publicado exclusivamente en Kaos en la red, a 8 de Octubre del 2018)

Estos últimos años he practicado la excéntricacostumbre de leer el Sempre en Galiza con pasión de escriba. Vale, bien, reconozco que soy un sujeto más bien extraño aunque, con el paso del tiempo, la línea entre lo pretendidamente normal y lo pretendidamente excéntrico, tanto como la línea entre la realidad y la ficción, me resulta tan débil y arbitraria como la conciencia de quien determina unilateralmente los cánones estéticos y culturales; en fin, el caso es que me he propuesto bucear en el susodicho texto del Sempre en Galiza y he cumplido, creo yo, lo suficiente, en el primer contacto.

Me considero un sujeto con pre-juicios – no hay ningún sujeto que no los tenga, si por pre-juicios entendemos ideología, cosmovisión, concepción del mundo – humanos, demasiado humanos, y por supuesto, contemporáneos, demasiado contemporáneos, así que por lo tanto me resulta imposible no inferir en las líneas de Castelao una clarísima oposición irreconciliable entre la ética de los principios y la ética de los intereses. Irreconciliabilidad ésta que, todo sea dicho, ningún artificio retórico y ninguna honestidad intelectual puede en absoluto relativizar por miedo a resultar demasiado ortodoxa para quienes hacen del galleguismo ese cajón de sastre del imaginario político-cultural de Galiza en el que todo vale. Esto, precisamente, es lo que hace a Castelao un fuerte cimiento – pero no la partícula elemental ajena a toda crítica – de nuestra gramática cultural : no tanto lo que tiene de rigor y exactitud científico-analítica, en absoluto, sino lo que tiene de opción ética y moral y sensibilidad estética encarnada en y sobre un contexto espacial y temporal concreto : Galiza, sin más, como opción y como realidad a comprender para transformar.

Léanse e interprétense, por ejemplo, ya que estamos, y tenor literal, el adn ético que late en esta líneas, en las que Castelao deja bien a las claras que tipo humano era blanco de su secular desprecio :

– “Estos son los que dicen :

– Yo no siento la necesidad de hablar gallego (porque esa necesidad no se siente en el estómago)

– Yo me encuentro bien en donde pueda vivir con desahogo (porque llevan la patria en la suela de los zapatos)

– Yo no creo en nadie (porque tampoco creen en sí mismos)

– Yo reniego de la política (porque saben que la política da disgustos)

– Yo me río de los políticos (porque quizás no han encontrado ocasión de lamberles los pies)

– Yo no pertenezco a ningún partido (porque no quieren comprometer su tranquilidad)”

La radiografía ética, estética y política de Castelao es, así pues, bien clara : quien quiera sentirse aludido en San Caetano e incluso dentro de la estructura organizativa del bloque nacionalista gallego y de las mareas atlánticas, lo tiene muy fácil, puesto que el tipo de sujeto que se infiere de estas líneas, plenas de enriquecedor contraste entre una alegórica ironía socrática – por su exigencia moral – y una prosaica ironía Brechtiana – por su estilo deliberadamente mordaz -, es más que conocido para quienes merodean el mundo del perfumado famoseo político-cultural de la Galiza realmente existente en este siglo 21. Un mundo en el que, a mi modo de ver, los gestos de cara a la galería de la tv-política, el academicismo pleno de medias verdades, eufemismos, silencios y conformismos, la pose audiovisual en detrimento de la divulgación horizontal de ciencia e información limpia de marketing político-electoral y el narcisismo hueco de personalidad y tensión ética campa a sus anchas en plena vorágine postmoderna.

Tengo el texto lleno de notas a pie de página. Me he propuesto leerlo del mismo modo en que los primeros protestantes empezaron – y digo empezaron – a interpretar la biblia apostólica y Romana; esto es, acompañándose de su propia y libre conciencia, respetando tanto la literalidad como la intención significativa del texto, problematizando sin contemplaciones con él y vinculándolo con los estímulos cotidianos de su propia experiencia vital e histórica. La experiencia de esta lectura, por mi parte, ha tenido como resultado una valoración más realista de las posibilidades interpretativas del Sempre en Galiza en lo referente a la estructura social y a la antropología cultural contemporánea de Galiza, así como el descubrimiento de exabruptos, ambiguedades e inconsecuencias evidentes.

Ni mucho menos considero que el Sempre en Galiza sea un libro prescindible o incluso inútil como herramienta interpretativa, no pretendo ser tan terriblemente temerario y naif. Sugiero, sin más, que es un texto político-cultural que merece ser interpretado sin esa clase de puritanismo moral llevado por las urgencias político-electorales de turno : a la política y a la realidad contemporánea lo que es de la política y la realidad contemporánea, y a la divulgación cultural y científica lo que es de la divulgación cultural y científica, sin más. Lo cual no quiere decir que no existan vasos comunicantes, por supuesto, entre ambas actividades.

Revisitando estos días algunos cuadernos de notas en mi escritorio me he encontrado con unos cuadernos de Hannah Arendt; fue para mí revelador encontrar un esquemita analítico por ella escrito en La vida del espíritu, en el que trata de explicar, sin más, esa conflictiva pero productiva tensión que la vida moral, creativa e intelectual de cualquier sujeto sufre entre el pasado de la propia tradición cultural heredada, el presente histórico por él vivenciado en el momento de recibirla y la necesidad de reinterpretarla críticamente para proyectarse con determinación y autonomía en el futuro.

Honestamente, me ha resultado imposible no esbozar una sonrisa de cuento satírico bretón en el momento en el que he aplicado esta intuición de Hannah para entender los humanos, demasiado humanos, y silenciados, demasiado silenciados, conflictos existentes en el campo literario, editorial, cultural y político de la Galiza conscientemente gallego-hablante. Hay quien piensa que el tempo y el ritmo histórico puede cortarse en pedacitos como si fuese un collage para proceder, a posteriori, a una reconstrucción meramente personal del mismo : todo lo que queda fuera del mismo collage personal no será merecedor de tanta atención, rigor o importancia. Y de este modo, claro, querido lector, en lugar de un país con conciencia nacional y de clase, lo máximo que se puede aspirar a construir es un álbum de fotos para cada familia, y poco más.

El principal responsable de la pérdida de tensión ética y profundidad intelectual del bloque nacionalista gallego es de la propia organización y, por ende, de todos los militantes, cargos y simpatizantes que aún a él estamos vinculados a la espera de poder convertirlo en un partido-movimiento de movimientos involucrado en la tarea de dignificar su lengua, su cultura, su memoria colectiva y su antropología cultural e históricapara proyectarla en el concierto internacional como herramienta de confrontación contra el imperialismo cultural globalizado, en todas sus formas y contextos.

!Entender, entender, hay que esforzarse por entender!, repetía aquella mujer estigmatizada y solitaria por servirse con extraordinaria capacidad y valentía de su propio juicio y no de los tópicos intelectuales de los académicos judíos que veían en la hegemonía del fascismo una encarnación del mal – sic – ni de la hipocresía de la intelectualidad laica de la Alemania de aquel tiempo que no se atrevía a afrontar el hecho de que el propio pueblo alemán estaba consistiendo con resignación y silencio cómplice toda aquella barbarie cotidiana día tras día.

!Entender, entender, hai que esforzarse por entender!; a esto, sí, a entender en profundidad el país que tanto dice amar, es a lo que hace ya mucho tiempo ha renunciado un bloque nacionalista gallego encerrado en sí mismo, osificado y auto-complacido en una dispersísima y poco trabajada concepción de la identidad nacional que se ha convertido en mera consigna electoral para un sector de la sociedad civil ávida en consumirla, al igual que las recientes mareas atlánticas.

Pero ni Galiza, ni el bloque nacionalista gallego, ni las mareas atlánticas, ni ningún ser viviente en este planeta sufriente, navega sólo en el violento barco globalizado de este multipolar imperialismo cultural globalizado, así que quizá ya sea hora de preguntar si la voluntad de cambio civilizacional va en serio o si estaremos auto-engañándonos perpetuamente con un lenguaje y un discurso hecho a medida para ese tradicionalismo comunitarista y ruralista en el que cualquier elemento externo tiene que estar sometido a constante fiscalización espiritual por parte de los guardianes de las partículas elementales que componen la identidad cultural de Galiza.

Mientras tanto, la realidad, les sigue susurrando al oído : por favor, procuren entenderme antes de auto-afirmarse.

Nota del autor : Este texto, escrito hoy, 7 de Octubre de 2018, ha sido censurado – por silencio omisivo – por medios digitales y escritos en gallego. He tomado la decisión de escribirlo en castellano para visualizar su contenido como en tantas, tantas otras ocasiones.

La izquierda “migroadicta” – y sus enemigos –

Nací el 2 de Febrero de 1979 en Galicia y, como quien dice, ya tenía un pasaporte bajo el brazo : en menos de un año mis padres ya estaban cambiándome los pañales en Suiza. Confieso no haber sufrido nunca enfermedades raras, ni siquiera la migroadicción, que no tengo muy claro si es síntoma o causa de algo – más bien, es una condición social y existencial – pero que sí sé que es el último diagnóstico científico que se ha sacado Jorge Verstrynge de la chistera para referenciar a quienes no comparten – yo, entre ellos – las consecuencias prácticas y los fundamentos éticos y antropológicos de sus análisis migrantológicos.

Además de migroadicciones prescritas por personas que no conozco de nada ni conocen de nada de mi historia de vida, creo que sufro también de otros incorregibles males, y uno de ellos, yo creo, es muy fácil de colgármelo : soy un ortoadicto de la Justicia y las libertades civiles. Es decir, siento una irrefrenable afinidad por cualquier ortodoxia teórica o práctica que sirva realmente para hacer más felices y plenas a las comunidades humanas.

Precisamente por ello, porque sufro de esta adicción, suelo agradecer de vez en cuando las sesiones de risoterapia que me brinda Pablo Iglesias cuando recalca que no hace falta ser ni de izquierdas ni de derechas – sino todo lo contrario – para restablecer un orden democrático que nunca ha existido y cuya sustantividad, contenido real, contrato social implícito o letra pequeña, por decirlo más claramente, desconozco todavía. Y menos aún cuando trata de formalizarse desde espacios tan poco proclives al debate como la ruidosa fábrica del tertulianismo mediático-político de España.

Ni por Verstrynge ni por Pablo tengo algún tipo de antipatía personal. Simplemente, del primero no comparto en absoluto los fundamentos éticos y antropológicos de sus propuestas en materia migratoria, y del segundo no comparto el latiguillo mental – y afectivo – con el que me ha sorprendido últimamente. Debo admitir, sinceramente, que no me lo esperaba.

Bien, reconozco que puede resultar desconcertante lo que digo pero, para mí, toda tradición de pensamiento, desde la más emancipadora hasta la más reaccionaria, admite diversidad y pluralismo interpretativo, sobre todo porque germinan de y entre los hombres, y no en un más allá sociológico, y sobre todo porque chocan entre ellas y reaccionan entre ellas, intercambiándose muchas veces el rol de subalternidad y hegemonía. De lo contrario, digo yo, no es de experiencias huamanas o tradiciones vivas de pensamiento de lo que estaríamos hablando, sino de féretros mentales.

Dicho esto, me atrevo a decir que la tradición de pensamiento de la izquierda occidental, desde la primera socialdemocracia – con un documentado pasado de justificación de políticas belicistas -, hasta la tradición ácrata/libertaria – con un documentado pasado de nihilista violencia clandestina -, hasta la tradición social-comunista – no hace falta recordar, tampoco, ni la nihilista violencia clandestina ni la violencia institucionalizada que tiene a sus espaldas – está preñadísima de violencia. Difícil no estarlo cuando uno no tiene más margen para jugar al juego del gato capitalista y el ratón revolucionario que las reglas y la superioridad tecnológica y armamentística del primero. O dicho de otro modo : es difícil, sino imposible, responder con caricias y sutilezas verbales a un sistema que nos ha obligado, obliga, y seguramente, nos obligará, como colectividad, a enfurecernos y responder violentamente a las múltiples clases de violencia, directa e indirecta, que ha materializado y materializa el capitalismo de ayer, de hoy y, con toda seguridad, el de mañana.

A priori, claro, a nadie nos agrada, ni reflexionar sobre la naturaleza de la violencia como una realidad estructural, profunda, latente y manifiesta al mismo tiempo, ni mucho menos reflexionar sobre qué hacer con ella y, sobre todo, cómo defendernos de ella. Pero a posteriori, y cayendo en la cuenta de que ésta, la violencia – de género, clase, racial, cultural.. etc -, es el ADN de la civilización en la que estamos sumergidos, resulta sospechoso que en los partidos políticos que se dicen de izquierdas no haya casi nunca algo parecido a una agenda política que se proponga hacerle frente de algún modo; nada de esto tiene Podemos, a no ser las ya clásicas declaraciones de pacifismo perfumado, y por ello, porque no tiene esta agenda, estando como estamos literalmente absorbidos por una política penal que da rienda suelta y justificación retórica al racismo, al clasismo, al sexismo, a la homofobia y a la islamofobia institucionalizadas, considero que Podemos hace mal presentándose con el clásico latiguillo de que no somos de izquierdas, ni de derechas – sino de extremo-centro -.

Bien; a pesar de reconocer que el pensamiento político-práctico de la izquierda occidental está preñadísimo de violencia – lo cual debería motivar a pacifistas y feministas militantes a limpiar, por así decirlo, toda la mierdecilla que arrastra -, desde un punto de vista formal, retórico, no es difícil inferir que tanto la tradición socialdemócrata como la tradición social-comunista y ácrata… han recalcado siempre que la democracia formal es una quimera mientras las condiciones de existencia de sus ciudadanos les impida el poder desarrollar autónomamente lo que sus constituciones prometen y dicen garantizar. Y han recalcado, también, que la expansión sin freno de algunos derechos individuales, en el ámbito económico en concreto, debería estar sujeta a límites, regulaciones e incluso expropiaciones para uso social por parte de los poderes públicos, ya actúen éstos como gobiernos, como estados o como representantes sociales e institucionales de cierto espíritu constitucional, tenga este el contenido normativo que tenga.

Puede haber, y de hecho, hay, desencuentros muy serios a la hora de reflexionar sobre dos cuestiones clave : el qué hacer – y cómo – con la violencia generacional y estructural transmitida por nuestras sociedades tradicionales – ejército, fuerzas de seguridad – y el qué hacer – y cómo – con el poder institucionalizado – estado -. De todos modos, tendríamos que ser honestos y reconocer que las heterodoxias posibles dentro de la ortodoxia del pensamiento emancipador/libertario no es tanto una cuestión de afinidad filosófico-política o ética como una cuestión meramente estratégica y práctica, y aquí, con realistas geopolíticos hemos topado, lo cual, me agrada, porque una izquierda sin realismo geo-político, por muy ética que se pretenda en sus intenciones, es un rotundo fracaso en el escenario internacional.

Hablando claro : la ortodoxia filosófica, por así decirlo, no es mala, si no impide el practicar las heterodoxias de orden pragmático que impulsa. Al fin y al cabo, somos bichos que aprenden por ensayo-error cuando proyectan lo que piensan a sus brazos, y erramos porque, además, tenemos un corazoncito que media entre la sesera y las extremidades. Pero aquí, precisamente, es donde quiero pararme, porque, por muy post-moderna y de mercado que sea una dictadura como la que sufrimos ahora, con su industria cultural y del ocio que tanto gusta analizar a semióticos y especialistas en cultural studies, con sus medios de comunicación/información totalmente corporativizados, controlados por mecanismos de mercado y gobiernos autoritarios con sus clásicas mayorías absolutas, esto no lo cambiaremos entre todos partiendo de la actitud vital de no ser de izquierdas ni de derechas. Esto sólo lo cambiaremos si hacemos el socialismo deseable como civilizatio a los ciudadanos. Y hacerlo deseable pasa por transmitir reflexión, información y pedagogía social a – pero sobre todo con -las comunidades desposeídas en los múltiples archipiélagos de miseria del capitalismo contemporáneo. Creo que esta política cultural y científica es todo lo contrario al marketing político efectista de urgencia electoral y a la propaganda encubierta con códigos amables. Conozco muy bien estos métodos porque he trabajado con ellos y los he visto y sufrido desde dentro : son pura violencia simbólica.

Conviene decirlo claramente : un sujeto que no es de izquierdas ni de derechas, sino todo lo contrario, es un sujeto amnésico y desmemoriado que parece no reflexionar sobre el hecho de que nunca ha existido una derecha democrática, ni en España ni en el resto del mundo. Que parece no reflexionar sobre el hecho de que, al igual que las alternativas de izquierda, esta supuesta derecha democrática, de haber existido en España – lo cual es falso -, no ha podido nunca como élite exorcizar el franquismo cultural y judicial en el que se ha educado, al igual que en otros países del mundo las sacrosantas derechas democráticas, como élite, tampoco han podido exorcizar el clasismo, el racismo y el sexismo en su cultura cotidiana y en sus sistemas judiciales y carcelarios.

Además, por muy democrática que esta derecha se desease a sí misma en la transición, la realidad pura y dura, a día de hoy, nos presenta un escenario en el que sus herederos ideológicos siguen protagonizando, combinadamente, tanto en el centro como en la periferia geográfica del estado español, una política austeritaria, social y penalmente represiva, de una violencia sin parangón, y todo ello situándose en un panorama geopolítico de total aceptación de la violentísima política exterior, energética y militar del Atlantismo europeísta.

En fin, creo que tenemos razones, hechos y motivos de sobra para concluir que el nacionalcatolicismo y el unitarismo centralista español son una y la misma cosa y van juntitos, y que no han perdido ni un gramito de su fuerza moral y cultural en buena parte de la sociedad civil española y del sistema bipartidista. Creo que tenemos, también, hechos y motivos de sobra como para concluir que la ortodoxia neoliberal, con sus racistas, sexistas, clasistas, homófobas e islamofóbicas expresiones, tampoco. No es, ni mucho menos, esperanzador, recordar lo siguiente, a saber : que en tiempos en los que la izquierda no sabe aún cómo cabalgar entre lo viejoque persiste en su traditio cultural y lo nuevo que no puede presumir de haber roto totalmente con ella – al menos, a efectos prácticos -, la extrema-derecha política sí sabe muy bien lo que tiene que hacer y cómo : no renuncia ni a los viejos símbolos e instituciones de sus muy nacional católicos inspiradores y aprende, al mismo tiempo, de las nuevas ortodoxias de gestión político-económica que les han enseñado a aplicar religiosamente en el espacio euro-americano.

Precisamente porque la derecha política, no sólo la centralista y unitaria, sabe muy bien integrar funcionalmente sus ortodoxias espirituales, por así decirlo, con sus ortodoxias metodológicas, aprendiendo incluso a integrar las nuevas que sirvan clara y eficientemente a sus intereses – marketing político, organización en red de recursos humanos, think tanks, centros concertados de formación técnica … -; precisamente por esto es porque suele asestar severas y merecidas palizas electorales a la izquierda, tanto la nominal, tonteando aún a día de hoy con terceras vías y capitalismos verdes, como la real, incapaz de convivir en paz con su clásica y vieja ortodoxia para tejer un lenguaje y un programa común de ruptura sistémica con el modelo ultraliberal de desarrollo, un modelo cuya descomunal violencia desgarra todo a su paso : desde la naturaleza hasta el cuerpo de la mujer, del otro no-nacional, del otro disidente y de las bases materiales de existencia de cualquier comunidad humana.

Creo, sinceramente, que integrar los contenidos normativos de los derechos humanos en todos los ámbitos de lo social a los contenidos críticos de los movimientos sociales es una tarea de urgentísima necesidad sino queremos que esta civilizatio nos des-integre aún más como sujetos y como sociedad humana. ¿ Tiene sentido, a día de hoy, debatir sobre los aciertos y errores de Lenin, de Marx, de Gramsci, de Simone Weill, de Walter Benjamin, de Manuel Sacristán, de Aranguren.. etc ?. Sí, claro que lo tiene, pero sin leerlos a la luz de los contenidos críticos de los movimientos sociales y sin una orientación ética que sepa mirar más allá, sin escapismos, de las comunidades nacionales, la inspiración que puedan brindarnos estas referencias no serviría de mucho.

Además, conviene reconocerlo : hay sujetos que tienen la capacidad y las herramientas para entender este mundo y para movilizarse sin que hayan pasado por un proceso clásico previo de pedagogía socialista. Yo, particularmente, me siento cómodo con ellos, mucho más de lo que me he sentido con todos aquellos intelectuales y militantes que han tratado de prescribirme lecturas e interpretaciones canónicas. Hay más cera que la que arde en el canon occidental del pensamiento libertario.

Por mi parte, tengo que decir que me he liberado, tanto de las angustias de ortodoxos contra heterodoxos de izquierdas, y viceversa, como de las angustias de clásicos contra post-modernos de izquierdas, y viceversa, como del no somos ni de izquierdas ni de derechas – sino de extremo-centro, supongo -, como de las fobias de Jorge Verstrynge contra la izquierda migroadicta, y viceversa. Luchar por la paz, las libertades civiles y la justicia social sólo es posible con una convicción afectiva que busca sus propias armas para entender, organizar y actuar en beneficio de quienes necesitan que los derechos humanos sean algo más que papel de burocracia o instrumento de justificación de viejos y nuevos proyectos de dominación colonial.

Esto último es, para mí, ser de izquierdas, y me temo que todo lo contrario, no nos lleva a otro lugar que a la re-existencia de la barbarie bajo formas más o menos viejas, o más o menos nuevas. Lo confieso : a mí me gusta formar parte de la izquierda migroadicta, tanto geográfica como mentalmente, por la sencilla razón de que siempre encuentra puntos de fuga para reinventar la emancipación sin quemar las semillas de su tradición.

Non temos présa

O 1 de Febreiro, o diario Sermos Galiza publicaba un artigo intitulado “Un país sen política internacional : Galiza carece dunha acción exterior merecedora de tal nome”. Non sen un sorriso pilleirento de conto bretón na boca, dispúxenme a ler o artigo con predisposición humorística, coñecedor como xa era da polémica viaxe de Don Núñez Feijoo ao estado de Israel. En primeiro lugar, o que me chama a atención deste artigo é o feito de que X.M Piñeiro, autor do texto, resalte o feito de que Galiza mereza – coma se merecer ou non política internacional de seu fose un dereito e non, sinxelamente, unha construcción política colectiva que debe conquerirse, estructurarse, merecerse co esforzo e co compromiso – tal política internacional debido a que o seu falo comercial, segundo datos por él verbalizados, presente un balanzo comercial, entre exportacions e importacions, de case 5000 millons de euros anuais.

Dito dun xeito sinxelo : sorpréndeme que un superficial dato macro-económico interpretado a vista de páxaro convírtase en argumento – mellor dito, en dato – de autoridade para queixármonos – ¡oh, a queixa, o noso galeguísimo e humano, demasiado humano lastre histórico! – pola inexistencia dunha política internacional digna, enténdase o que se queira entender por tal cousa. E é que, realmente, semella insinuar este artigo a seguinte lóxica discursiva, a saber : que posto que o noso balanzo comercial é o que é merecémonos ter política internacional digna, e santas pascuas.

En realidade, a movilidade e o dinamismo exterior de calqueira país non ten auto-referencialidade política como tal : os poderes económicos localizados dan ordes e os estados e os seus cargos electos, en nome dos seus partidos, cando lles interesa, ou en nome dos seus propios estados, cando lles interesa, ou en nome da nación unha, dúal, trina ou pentagonal, tamén cando lles interesa, limítanse a facer de relacions públicas e obedecen coma cadeliños amaestrados. Esto é certo tanto na Galiza coma no estado español, Europa, Sudáfrica ou Australia. Dito isto, resulta como mínimo patético o feito de pasarnos décadas repetindo compulsivamente o veraz argumentos da inexistencia dunha política internacional galega, sobre todo cando a poucos – mais ben ningún – xornalistas, escritores, científicos, artistas e políticos galegos puiden ler – ou escoitar – facendo insistente referencia sobre a falta dunha política internacionalista para os de abaixo.

Falando en prata, que unha cousa é suspirar pola ausencia dunha política internacional e outra cousa é suspirar pola ausencia dunha política internacionalista : as indeterminacions da semántica, así coma a carga político-cultural que contén, delátanos, máxime cando xa non nos podemos crer o clisé mental, o estereotipo socializado, dunha Galiza carente de burguesía e familias económicamente apoderadas. Aos feitos remítome : só fai falla ler o artigo que o mesmo Sermos Galiza publicou o 25 de Xaneiro, cuxo título reza Patrimonios Millonarios. Esa Galiza cada vez máis rica : As grandes fortunas declaran 2000 millons de euros máis en apenas un ano”.

Como exemplo-espello para evidenciar a carencia en cuestión resáltase, no primeiro dos artigos mencionados, que Baviera, o Lander alemán, sí ten unha gran delegación en Bruxelas, sita, ademáis, xusto en fronte do Europarlamento. Acto seguido recálcase que os devanditos landers participan na creación da postura que defende o conxunto do estado alemán perante a UE e que os mesmos ministros rexionais poden presidir as reunions ministeriais do estado na UE

Sí, ben, perfecto, mais o principio de realidade segue a ser o seguinte : na Galiza, como nación, e en España, como estado, isto non funciona nin funcionou así : as causas históricas e ideolóxicas son abondo coñecidas como abondo coñecido é tamén o pouco peso cuantitativo e cualitativo de conciencia nacional, nacionalista, e por extensión, internacional ou internacionalista. Recalco, caro lector, que non é o mesmo ter conciencia nacional que conciencia nacionalista, nin o mesmo é tampouco ter conciencia internacional que conciencia internacionalista – un partido comunista medianamente honesto ten conciencia internacionalista coma conciencia internacionalista ten tamén o consello de administración de Zara Inditex, por pór un caso -. O nacional, en concreto, fai referencia ao escenario espazo-temporal no que se manifesta e desprega a acción social, política e institucional ad intra dunha nación. O nacionalista, nas súas diversas expresions locais/globais, dende as extremas-dereitas más racistas e xenófobas, o ultra-liberalismo populista de extremo-centro, as variantes liberal-demócratas e socialdemócratas de corte institucionalista-estatalista – todas, en calqueira caso, moi asimiladas ao capitalismo coma totalidade sistémica, mais con diferentes estratexias retóricas que, por cálculo electoral, chegan mesmo a solaparse -, é outra cousa. Preciso é seguir matizando e recalcar que tamén admite outras expresions en guerrillas armadas de liberación nacional e en movimentos sociais ou frontes populares de inspiración anti-colonial que logran – ou non – resolver as contradiccions internas entre o seu polo anti-capitalista e o seu polo liberal-modernizador, decantándose co tempo máis cara unha enerxía ou outra e asimilándose co tempo máis ou menos ás canles institucionais de negociación dos hiper-burocratizados estados modernos.

Dito – e escrito – isto, continúo : no mesmo artigo recálcase que tanto o PSG-PSOE coma o BNG como En Marea coinciden – retórico-legalmente, cando menos – na aposta por unha política internacional propia que tería o seu inspirador precedente retórico-legal na chamada lei de acción exterior do ano 2014 : 35 anos pasaron xa dende a flamante transición tutelada pola CIA e Washington, co consentimento e colaboración cómplice da tecnocracia e a intelectualidade da provincia de Madrid – e non me pregunten a min sobre a veracidade empírica deste enunciado, senon a Alfredo Grimaldos e ao seu interesantísimo aínda que esquecido traballo documental-político sobre a materia – e non deixa de resultar cómico ver cómo os mesmos partidos que andan a repartirse coiteladas entre sí para facerse co executivo persisten na pauta de conducta de pretender en solitario unha maioría social e política que despraze ao seu eterno inimigo común : reafirmarse retóricamente sinalando a un inimigo, é fácil abondo, sobre todo cando está estructuralmente podre de corrupción. Gañarlle a batalla, xa é fariña doutro costal – e perdoen por tan castelá expresión -.

En rigor, nada novo no horizonte. A forma partido, na súa estructura e cultura organizativa clásica, tradicional, segue acelerando a súa rotunda decadencia, mais os cargos electos dende as súas mesmas plataformas seguen comportándose coma se unha representatividade real entre demos e administración estatal fose posible sinxelamente a través das canles de acción político-administrativa dos mesmos. O único ton propositivo con substancia que aperece no artigo vén do caletre de Joam Lopes Facal quen, textualmente, apela a “Superar dunha vez o complexo madrileñista que atenaza a actividade exterior da política económica galega”. O exemplo-espello proposto, máis adiante menciónase, é nesta ocasión o País Vasco. Así que xa temos na interminable galería de espellos da imaxinación política galega, e en lista de espera, coma de costume, ao lander alemán de Baviera e ao País Vasco, para o tratamento do noso crónico estado carencial de política internacional. E a cousa segue : outro economista, Albino Prada, aposta por “Unha abordaxe seria e profesionalizada das complementariedades económicas da cooperación Galiza-Portugal” que “conceda o máximo rango político e simbólico – cos símbolos topamos, amigo Sancho – ás relacions da xunta co goberno Portugués”. Así pois, caro lector, do land alemán de Baviera ao País Vasco, e do País Vasco a Portugal, non sen recalcar o horizonte estratéxico con este último que consistiría nunha “estratexia de medio prazo con mellora das comunicacions ferroviarias Vigo-porto e unha axencia de cooperación no ámbito portuario e aeroportuario” – ¡Probando, probando, ¿u-la Galiza interior que fica més enllá desa terra de maná e mel chamada Eixo Atlántico? -, sen esquecer tamén a receita de Joam Facal, a saber, “asumir o papel decisivo das relacions transfonterizas en materia de intercambios comerciais e de capital” – ¡Probando, probando, u-la variable traballo nesta lóxica de intercambio comercial e de capital nas relacions Galiza-Portugal? -.

Honestamente : o que a min, persoalmente, pareceume sempre erótico, atractivo, do reintegracionismo lingüístico-cultural con Portugal vai més enllá da toalla de Teresa Moure e implica a necesidade de ir máis alá do filoloxismo, do culturalismo e do economicismo. Dito dun modo sinxelo : a re-integración lingüístico-ortográfica non pode ser un fin en sí mesmo, senon un medio circunstancial, epocal, que permite a Galiza e á comunidade internacional de países lusófonos que, a un lado e a outro da fronteira político-administrativa histórica e político-confesionalmente construída entre o estado español e portugués, exista un código escrito de mínimos que faga fluir a información e a comunicación entre seres pensantes e sentintes que, doutro xeito, permaneceriamos no máis estricto silencio, illamento e descoñecemento recíproco. Falamos da activación e o intercambio de memes informativos en tódolos campos : social, cultural, político, económico-empresarial, universitario e científico. Romper esta fronteira invisible, mental, é algo que, por unha banda, dende un punto de vista pragmático, convén ás elites económico-financeiras a ambos lados da fronteira. Porén, a ruptura desta fronteira tamén lles causa certo pánico, posto que non convén en absoluto a emerxencia dunha conciencia de clase e nacional tecida, progresiva e recíprocamente, tanto ad intra, na Galiza realmente existente, como ad extra, no espazo xeo-estratéxico e informativo lusófono, e que non podería ter coma resultado outra cousa que unha grande-picola matria chamada Galiza en proceso de robustecemento da súa identidade social, cultural e política até o punto de sentirse dona de sí e reclamar o que, en rigor, co dereito internacional en man, pode reclamar : o dereito á súa libre-determinación.

Poden estar tranquilas as elites dámbolos lados da fronteira porque aínda – digo aínda porque os nunca son indemostrables – non existe predisposición, desexo socializado, para a asunción de tal horizonte. Quenes reclamamos tal dereito cun plan de emerxencia integrado para auto-rescatarnos da dictadura institucionalizada da débeda soberana e as súas consecuencias, estamos en franca, radical e marxinal minoría. Quenes o reclaman en abstracto, coma mero instrumento político-xurídico de modernización e democratización contra un estado hiper-burocratizado e ineficaz para xestionar a nosa vida civil, económica, cultural e política, non teñen consentimento nin hexemonía suficiente para activar tales enerxías. O problema existe from the top to behind, e viceversa, e ten un carácter profundamente pedagóxico-cultural.

En calqueira caso, é evidente que, tamén dentro da Galiza, quen fai referencia ao dereito de libre-determinación pode agochar e, de xeito, agocha, modelos de sociedade radicalmenie incompatibles. Que os plebeos se auto-determinen para pronunciar un STOP ás consecuencias económicas, fiscais, laborais e ecolóxicas localizadas dun desarrollismo que non respeta os mínimos fundamentais do dereito laboral nin tampouco os límites relativos aos efectos eco-sistémicos dalgunhas actividades extractivas – e especulativas -, non significa, de ningún modo, o mesmo que un proceso de libre-determinación que se propoña sinxelamente a descentralización meramente horizontal da actividade político-administrativa do estado. Azorando, coma sempre, os sentimentos máis primarios das masas, e utilizando, coma sempre, a política do símbolo e a bandeira.

Mudemos de escenario e vaiamos de Galiza a Israel :

“As Pontes están construídas e nós mesmos estamos abertos a ideas e inversions”. Así, textualmente, expresaba Don Núñez Feijoo o resultado da súa polémica visita a Israel. Unha veintena de empresarios, directivos de clústeres e persoal de centros tecnolóxicos, segundo A Voz de Galicia, conformaron o exército diplomático, por así dicilo, do actual presidente da autonomía (¿) galega. Miren por onde, aquí teñen vostedes a resposta realista a cal é a política de acción exterior da Xunta. Feijoo non precisa a diplomáticos de carreira para canalizar a estructurar a política internacional de Galicia, non. Sinxelamente, xa os ten. Saenlle gratis e, ademáis, deixase asesorar moi ben por eles.

Cal é o modelo de política exterior do neo-conservadorismo galego, é evidente e pode inferirse do propio modelo empresarial no que éste proxecta o hipotético futuro de maná tecnolóxico-empresarial que traerá meles de prosperidade para Galiza. Tres días, exactamente, durou a visita do noso presidente; o último foi adicado a visitar un foro internacional chamado Our Crowd Global Investor Summit – http://summit.ourcrowd.com/  -, foro que logrou reunir a uns sete mil visitantes radicalmente abducidos polo turbo-capitalismo anglosaxón cada vez máis inzado de I-D-I high tech como carente de seres humanos nos seus procesos produtivos.

A mesaxe institucional do noso presidente foi clara e contundente despois da visita : – “Calqueira empresa que queira asentarse en Galicia, que precise financiamento, capital risco, axudas e incentivos da administración, ten á súa disposición á xunta”. ¿Ficaralles claro agora aos incrédulos e pusilánimes dalgún ecosistema político-cultural oficial de Galicia o que significan, a efectos prácticos, conceptos coma imperialismo-cultural-globalizado?. ¿Ficaralles claro cales serán as consecuencias ecolóxicas e humanas da adopción deste modelo?. Quizais a administración xeral do estado e os seus convenios bilaterais firmados co estado de Israel non teñen nada que ver na viaxe de Feijoo. Corramos un tupido veo. Quizais a sumisión de todo o corpo político-administrativo da xunta de Galicia ás políticas de desarrollo tecnolóxico-empresarial non teñen nada que ver tampouco. Corramos outro tupido veo. Ao fin e ao cabo xa non existe, nin capitalismo, nin imperio, nin imperialismo, e se existen, non afectan a Galicia, nin a España, nin a Europa ni ao resto de realidades extra-continentales més enllá de occidente, porque a vida é un soño, e os soños, soños son.

Declaracions coma “a intención da Xunta é tratar de trasladar a Galicia esta filosofía” creo que non deixan lugar a ningunha ambiguedade interpretativa. Tal intención aposenta a súa raigame nunha visión neo-totalitaria da sociedade do porvir segundo os cánones do sionismo ultraortodoxo : unha sociedade na que, textualmente, en palabras do noso presidente, “as empresas, os centros de coñecimento – privados, por suposto -, as universidades e a administración van da man”. Tódalas formas de vida e conciencia humana ou non-humana que existan ou pretendan desenvolverse en dirección contraria ao violentísimo despregue cara adiante da agresiva i-lóxica do capital financiero e do seu inhumano modelo empresarial intensivo en alta tecnoloxía e desprovisto de man de obra humana, entran dentro da categoría de infra ou sub-humanidade, de humanidade rexeitable, coma a merda sobrante no disco duro dun computador, mais non a golpe de teclado, senon a golpe de regulación na lexislación civil, penal, fiscal e laboral, adubiada con eufemismos técnicos que non verbalicen a intención profunda de abandoar nas marxes a calqueira ser que non logre integrarse nas formas e condicions de traballo actualmente cristalizadas.

Como ben expresou na cámara da Xunta monsieur Alfonso Rueda, mentras monsieur Feijoo e o seu exército de diplomáticos volvían a Galiza despois da súa visita a Israel, quizais deberamos viaxar máis para aprender máis” en troques de protestar tanto. Non lle falta razón a monsieur tendo en conta que a eterna oposición e os eternos opositores, na Galiza, teñen máis cultura de oposición que vontade de goberno. Con todo, quizais deberan vostedes abrir os ollos e respirar o sangue da violenta carnicería colonial institucionalizada que os pro-homes aos que vostedes visitaron recentemente están financiando nestes momento polo vostedes chamado modélico estado de Israel. Quizais deberán vostedes reflexionar sobre qué é realmente o que vostedes aprenderon – sic – na súa viaxe para chegar aquí, de novo, á terra dos mil ríos, á terra que lles viu nascer e que lles deu de comer, e non molestarse sequera en preguntar ás xentes que pagamos os seus soldos de parlamentarios qué opinión nos merece o modelo empresarial no que os nosos fillos traballarán no futuro. Quizais, quen sabe, deberían mirarse ao espello e preguntarse en qué medida non se merecerán vostedes un desterro perpetuo ou un asalto ao palacio de inverno, en troques dunha benvida.

Se Núñez Feijoo e Mariano Rajoy, hoxe, coma Manuel Fraga e Xosé María Aznar, onte. Se, resumindo, todo o opusdeísmo histórico, no político e no confesional, que puxo as súas sucias mans neste país e en toda a península despois da transición, reconvertindo o seu pasado fascista en neo-totalitarios do mercado auto-designados coma demócratas de toda a vida. Se a mafia máis necia, ignorante, hipócrita, puritana e corrupta que nunca pisou esta península na súa historia contemporánea non tivese máis ollos, máis orellas, máis cerebro, máis corazón e máis brazos que a vontade de acumular poder con calqueira medio, por calqueira medio e a costa de calqueira consecuencia, quizais, quen sabe, deixaríamos aconsellarnos por eles en materia de política internacional.

Mentras tanto, se non lles molesta, seguimos sendo libres de sentir e expresar o máis intenso e sereno dos desprezos por vostedes. Pode que do mesmo xurdan, algún día, propostas alternativas en troques de dramáticas propostas. Custa tempo, paciencia e moita resiliencia clausurar unha civilización podre para construir outra sobre outras bases.

Nin temos présa, nin queremos pasar á historia.

No tenemos prisa

El 1 de Febrero, el diario Sermos Galiza publicaba un artículo titulado – traduciré – “Un país sin política internacional : Galiza carece de una acción exterior merecedora de tal nombre”. No sin una sonrisa en la boca, me dispuse a leer el artículo con predisposición humorística, conocedor ya del polémico viaje de Don Núñez Feijoo al estado de Israel. En primer lugar, lo que me llama la atención de este artículo es el hecho de que X.M Piñeiro, autor del texto, resalte el hecho de que Galicia merezca – como si tener o no política internacional fuese un derecho, y no, sencillamente, una construcción política colectiva que debe conquistarse, estructurarse, merecerse con el esfuerzo y el compromiso – tal política internacional debido a que su falo comercial, según datos por él verbalizados, presente una balanza positiva, entre exportaciones e importaciones, de casi 5000 millones de euros anuales.

Dicho de un modo simple : me sorprende que un superficial dato macro-económico interpretado a vista de pájaro se convierta en argumento de autoridad para quejarse – ¡oh, la queja, nuestro galleguísimo, humanísimo e histórico lastre! – por la inexistencia de una política internacional digna, entiéndase lo que se quiera entender por tal cosa. Y es que, realmente, parece insinuar este artículo la siguiente lógica discursiva, a saber : que puesto que nuestra balanza comercial es la que es nos merecemos tener política internacional, y santas pascuas.

En realidad, la movilidad y el dinamismo exterior de cualquier país no tiene auto-referencialidad política como tal : los poderes económicos localizados ordenan, y los estados y sus cargos electos, en nombre de sus partidos, cuando les interesa, o en nombre de sus propios estados, cuando les interesa, o en nombre de la nación, una, trina o pentagonal, también cuando les interesa, se limitan a hacer de relaciones públicas y obedecen como perritos bien amaestrados. Esto es cierto tanto en Galicia, como en España, como en Europa, como en Sudáfrica o Australia. Dicho esto, resulta como mínimo patético pasarnos décadas repitiendo compulsivamente el veraz argumento de la inexistencia de una política internacional gallega, sobre todo cuando a pocos periodistas, escritores, científicos, artistas y políticos gallegos he podido leer – o escuchar – sobre la falta de una política internacionalista para los de abajo.

Hablando en plata, que una cosa es suspirar por la ausencia de una política internacional y otra cosa es suspirar por la ausencia de una política internacionalista : la semántica, y la carga político-cultural que contiene, nos delata, máxime cuando ya no nos podemos creer el cliché mental, el estereotipo socializado, de una Galicia carente de burguesía y de familias económicamente apoderadas. A los hechos me remito : sólo hace falta leer el artículo que el mismo Sermos Galiza ha publicado el 25 de Enero, cuyo título reza – traduzco – Patrimonios Millonarios. Esa Galiza que es cada vez más rica : Las grandes fortunas declaran 2000 millones de euros más en apenas un año.

Como ejemplo-espejo para evidenciar la carencia en cuestión se resalta en el primero de los artículos mencionados que Baviera, el Lander alemán, sí tiene una gran delegación en Bruselas, situada, además, justo frente al Europarlamento. Acto seguido se recalca que los susodichos landers participan en la creación de la postura que defiende el conjunto del estado alemán frente a la UE y que los mismos ministros regionales pueden presidir las reuniones ministeriales del estado en la UE.

Sí, bien, perfecto, pero el principio de realidad sigue siendo el siguiente : en Galicia, como nación, y en España, como estado, esto no funciona así; las causas históricas e ideológicas son harto conocidas como harto conocido es también el poco peso cuantitativo y cualitativo de conciencia nacional, nacionalista, y por extensión, internacional e internacionalista, en Galicia. Recalco, querido lector, que no es lo mismo tener conciencia nacional que conciencia nacionalista, ni lo mismo es tampoco tener conciencia internacional que conciencia internacionalista. Lo nacional, en concreto, hace referencia al escenario espacio-temporal en el que se manifiesta la acción social, política e institucional ad intra de una nación, lo nacionalista, en sus diversas expresiones locales, desde las extremas derechas más racistas y xenófobas hasta las más liberal-democráticas y/o socialdemócratas -las tres muy asimiladas, en cualquier caso, al capitalismo, pero con diferentes estrategias retóricas que, en ocasiones, por cálculo electoral, llegan a solaparse-, es otra cosa. Necesario es seguir matizando y recalcar también que lo nacionalista admite también otras expresiones en guerrillas armadas de liberación nacional y en movimientos socio-culturales de inspiración anti-colonial que logran –o no- resolver las contradicciones entre su polo anti-capitalista y su polo liberal-modernizador decantándose más hacía una energía u otra y asimilándose más o menos a los cauces institucionales de negociación de los estados modernos.

Dicho – y escrito – esto, continúo. En el mismo artículo se recalca que tanto el PSOE, como el BNG como En marea coinciden retóricamente en la apuesta por una política internacional propia que tendría su inspirador precedente retórico-legal en la llamada lei de acción exterior del año 2014 : 35 años han pasado ya desde nuestra flamante transición tutelada por la CIA, y no me pregunten a mí sobre la verosimilitud de este enunciado – el de la transición tutelada por la CIA – sino a Alfredo Grimaldos y a su interesadamente olvidado trabajo documental-periodístico sobre la materia. El caso es que no deja de resultar cómico el ver cómo los mismos partidos que se dan zarpazos entre sí para hacerse con el ejecutivo persisten en la pauta de conducta de pretender en solitario una mayoría social y política que arrebate el poder ejecutivo al partido popular. Nada nuevo, y no debería sorprendernos en absoluto : la forma partido, en su estructura y cultura organizativa clásica, tradicional, sigue acelerando su rotunda decadencia, pero los cargos electos desde sus mismas plataformas siguen comportándose como si una representatividad real entre demos y administración estatal fuese posible simplemente a través de los cauces de acción de los mismos.

El único tono propositivo que aparece en el artículo viene de la boca del analista y economista Joam Lopes Facal. Textualmente, Sermos Galiza visualiza el horizonte político-cultural propuesto : “Superar de una vez el complejo madrileñista que atenaza la actividad exterior de la política económica gallega”. El ejemplo-espejo propuesto, más adelante se menciona, es en esta ocasión el País Vasco. Así que ya tenemos al lander alemán de Baviera y al país vasco para el tratamiento de nuestro estado carencial de política internacional. Y la cosa sigue : otro economista, Albino Prada, apuesta por un “abordaje serio y profesionalizado de las complementariedades económicas de la cooperación Galiza-Portugal”, un abordaje que “conceda el máximo rango político y simbólico – con los símbolos hemos topado, amigo sancho – a las relaciones de la Xunta con el gobierno Portugués”. Así pues, caro lector, del land Alemán de Baviera al País Vasco y del País Vasco a Portugal, no sin recalcar el horizonte estratégico con este último, que consistiría en “una estrategia de medio plazo con mejora de las comunicaciones ferroviarias Vigo-Porto y una agencia de cooperación en el ámbito portuario y aeroportuario”, sin olvidar también la receta de Joam Lopes Facal, a saber, “asumir el papel decisivo de las relaciones transfonterizas en materia de intercambios comerciales y de capital”.

Honestamente : lo que a mí me ha parecido siempre atractivo del reintegracionismo lingüístico-cultural con Portugal es la posibilidad de ir más allá del filologismo, del culturalismo y del economicismo. Dicho de un modo sencillo : la re-integración lingüístico-ortográfica permite a Galicia y a la comunidad de países lusófonos el que, a un lado y a otro de la frontera político-administrativa históricamente marcada por el estado español y portugués, haya un código escrito común que haga fluir la comunicación y que active la emisión y recepción de memes informativos en todos los campos : cultural, político, económico-empresarial, universitario y científico. Romper esta frontera invisible, mental, es algo que, por un lado, desde un punto de vista pragmático, conviene a las élites económicas de ambos lados de la frontera. Sin embargo, la ruptura de esta frontera también les causa cierto pánico, puesto que no conviene en absoluto ni a las élites del estado Español ni a las élites del estado Portugués el que esta pequeña nación llamada Galiza – sí, con z – robustezca progresivamente su identidad cultural y política hasta el punto de sentirse dueña de sí y reclamar lo que, en rigor, puede y debe reclamar cualquier nación política : el derecho a libre-determinar su destino.

Pueden estar tranquilos a ambos lados de la frontera porque todavía no existe predisposición, deseo socializado, para tal empuje. Quienes lo reclamamos para las clases plebeyas y con pulsión emancipatoria, estamos en franca, radical y marginal minoría. Quienes lo reclama en abstracto, como mero instrumento de modernización y democratización contra un estado hiper-burocratizado e ineficaz para gestionar nuestra vida civil, económica, cultural y política, no tienen consentimiento ni hegemonía suficiente para activar tales energías. En cualquier caso, es evidente que, también dentro de Galicia, quien hace referencia al derecho de libre-determinación no tiene porque ser identificado acríticamente con quienes hacen lo mismo; en su expresión formal, el derecho de libre-determinación puede esconder y, de hecho, esconde, modelos de sociedad radicalmente incompatibles. Que los plebeyos se auto-determinen para exclamar STOP a las consecuencias económicas, fiscales, laborales y ecológicas localizadas de un desarrollismo que no respeta los marcos tradicionales de negociación sindical ni tampoco los efectos eco-sistémicos de algunas actividades extractivas, no significa, de ningún modo, lo mismo que un proceso de libre-determinación que se proponga simple y llanamente la descentralización meramente horizontal de la actividad político-administrativa del estado. Azorando, como siempre, los sentimientos más primarios de las masas, y utilizando, como siempre, la política del símbolo y la bandera.

Cambiemos de escenario y de actores y vayámonos de Galiza a Israel :

“Los puentes están construídos y nosotros estamos abiertos a ideas e inversiones”. Así, textualmente, expresaba Don Núñez Feijoo el resultado de su polémica visita a Israel. Una veintena de empresarios, directivos de clústeres y personal de centros tecnológicos, según La Voz de Galicia, conformaron el ejército diplomático, por así decirlo, del actual presidente de la autonomía gallega. Miren por donde, aquí tienen ustedes la respuesta realista a cual es la política de acción exterior de la Xunta. Feijoo no necesita a diplomáticos para canalizar y estructurar la política internacional de Galicia, no. Simplemente, ya los tiene, le salen gratis, y además, se deja ordenar y asesorar muy bien por ellos.

Cual es el modelo de política exterior del neo-conservadurismo gallego, es evidente, y puede inferirse del propio modelo empresarial en que éste proyecta el hipotético futuro de maná tecnológico-empresarial que traerá mieles de prosperidad para Galicia. Tres días, exactamente, duró la visita de nuestro presidente, en la que el último fue dedicado a visitar un foro internacional llamado OurCrowd Global Investor Summithttp://summit.ourcrowd.com/ -, foro que logró reunir a unos siete mil visitantes radicalmente abducidos por el turbo-capitalismo anglosajón cada vez más inflado de I-D-I de alta tecnología como carente de seres humanos en los procesos productivos.

El mensaje institucional de nuestro presidente ha sido más que claro y contundente después de la visita : – “Cualquier empresa que quiera asentarse en Galicia, que necesite financiamiento, capital riesgo, ayudas e incentivos de la administración tiene a su disposición a la Xunta”. ¿Les quedará claro ahora a los incrédulos y pusilánimes del mundo político-cultural oficial de Galicia lo que significan las palabras imperialismo-cultural-globalizado?. ¿Les quedará claro cuales serán las consecuencias ecológicas y humanas de la adopción de este modelo?. Quizás la administración general del estado y sus convenios bilaterales firmados con el estado de Israel no tienen nada que ver en el viaje de Feijoo. Corramos un tupido velo. Quizás la sumisión de todo el cuerpo político-administrativo de la Xunta de Galicia a las políticas de “desarrollo” tecnológico empresarial no tienen nada que ver, tampoco. Corramos otro tupido velo. Quizás la sumisión de todo el cuerpo político-administrativo del estado Español y resto de entidades autonómicas a los criterios técnicos del nutrido ejército de gurús especialistas en materia de innovación tecnológico empresarial, modernización política e ingeniera financiera del modelo anglo-auro-israelí de democracia tampoco tengan nada que ver. Corramos, también, otro tupido velo. Al fin y al cabo ya no existe, ni capitalismo, ni imperio, ni imperialismo, y si existen, no afectan ni a Galicia, ni a España, ni a Europa ni al resto de realidades extra-continentales, pues la vida es un sueño, y los sueños, sueños son.

Declaraciones como “la intención de la Xunta es tratar de trasladar a Galicia esta filosofía” creo que no dejan lugar a ninguna ambigüedad interpretativa, tal intención aposenta sus raíces en una visión neo-totalitaria de la sociedad del porvenir según los cánones del sionismo ultraortodoxo; una sociedad en la que, textualmente, en palabras de nuestro presidente, las empresas, los centros de conocimiento – privados, por supuesto – , las universidades y la administración van de la mano. Todas las formas de vida y conciencia humana o no-humana que existan o pretendan desarrollarse en dirección contraria al violentísimo despliegue hacia adelante de la agresiva i-lógica del capital financiero y de su inhumano modelo empresarial intensivo en alta tecnología, progresivamente desprovisto de mano de obra humana, entran dentro de la categoría de infra-humanidad o de humanidad desechable, como la mierda sobrante en el disco duro de un computador, sino a golpe de teclado, sí a golpe de una legislación civil, penal, fiscal y laboral adornada con eufemismos técnicos que no verbalicen la intención profunda de abandonar en la cuneta a cualquier ser que no logre integrarse en las formas y condiciones de trabajo actualmente cristalizadas.

Y es que, como bien ha expresado en la cámara de la Xunta nuestro eminentísimo Vicepresidente, Alfonso Rueda, mientras nuestro eminentísimo presidente y su ejército de diplomáticos volvían a Galiza después de su visita a Israel, quizás debiéramos “viajar y aprender más” en lugar de protestar tanto. Quizás, puede ser, quien sabe. Quizás debieran ustedes abrir los ojos y respirar la sangre de la carnicería institucionalizada que los pro-hombres a los que ustedes han visitado recientemente están financiando en este momento en ese por ustedes llamado modélico estado. Quizás debieran ustedes reflexionar sobre qué es lo que ustedes han aprendido en su viaje para llegar aquí, de nuevo, al país de los mil ríos, a la tierra que les vió nacer y les dió de comer, y no preguntar a las gentes que pagan sus sueldos qué opinión les merece el modelo empresarial enel que sus hijos trabajarán en el futuro. Quizás, quien sabe, deberían mirarse al espejo y preguntarse en qué medida no se merecerán ustedes un destierro perpetuo en lugar de una bienvenida.

Si Alfonso Rueda, Núñez Feijoo y Mariano Rajoy, hoy, como Manuel Fraga y José María Aznar, ayer. Si, resumiendo, todo el opusdeísmo histórico, en lo político y en lo confesional, que ha puesto sus sucias manos en este país después de la transición, reconvirtiendo su pasado de fascistas de toda la vida en neo-totalitarios del mercado. Si la mafia más necia, ignorante, hipócrita y corrupta que ha pisado nunca este país no tuviese más ojos, más orejas, más cerebro, más brazos y más corazón que abrazar la acumulación de poder con cualquier medio y por cualquier medio a costa de cualquier medio, quizás, quien sabe, nos dejaríamos aconsejar por ellos en materia de política internacional.

Mientras tanto, si no les molesta, seguimos siendo libres de sentir por ustedes el más intenso de los desprecios. Puede que del mismo surjan, algún día, propuestas alternativas en lugar de dramáticas protestas.

Cuesta tiempo, paciencia y mucha resiliencia clausurar una civilización podrida para construir otra sobre otras bases. Ni tenemos prisa, ni queremos pasar a la historia.

 

O país máis feliz do mundo

Ildefonso era aspirante a alcalde na miña vila. Era sensato, intelixente, discreto e moi boa persoa. Gostaba de tocar a guitarra e era amante da tuna. Non era propiamente un revolucionario, mais dicía cousas que aos votantes do cacique non agradaban moito. Facía bodas civís e, ademais, era enfermeiro. Quería que a igrexa pagase o imposto de bens inmobles. Quería que os veciños soupesen qué se facía cos seus cartos. Quería algo semellante a almas decentes no poder. Quería algo semellante a algo o máis semellante posible a unha democracia. El cría, por suposto, que era unha alma decente. A min parecíamo.

Eu quería moito a Ildefonso; tiña un sorriso que non movía moito os beizos. Era un sorriso de gorxa con ton grave e suave que facía vibrar o seu tórax e empurraba aos seus ombreiros cara arriba e cara abaixo, coma se tivese un resorte metálico dentro do corpo. Nunha ocasión levounos no seu coche a Santiago de Compostela, á asamblea da asamblea post-asamblearia re-constituínte da undécima variante do nacionalismo galego. En chegando á capital, sacou do seu casaco 6 papeletas, tantas como persoas íbamos no coche, e díxonos : – “mirade, estes son “os nosos”, botádelle un ollo e votádeos se queredes” -.O se queredes non o dixo con moita convicción.

Nas asambleas nacionais post-asamblearias re-constituíntes das décimas, undécimas ou decimosegundas variantes do nacionalismo galego máis ou menos revolucionario había de todo. Había parroquianos de toda a vida armados con empanadas de carne de coello e viño ácedo. Había universitarios con hormonas máis ou menos descontroladas armados até os miolos de pins, bandeiras e camisolas con frases super-ocorrentes e super-autóctonas : Eu nunca serei “yo”. A soberanía é o único camiño. A loita é o único camiño. A “luta” é o único caminho. Contra o capital, soberanía nacional. Na Galiza, só en galego, e un longo etcétera. Había moitas empresas de merchandishing que producían esa fraseoloxía super-ocorrente e super-autóctona. Había mestres de escola, universitarios, xornalistas, intelectuais, liberados sindicais demasiado liberados, enfermeiros, feministas a tempo parcial e completo, comerciantes das clases medias e baixas, activistas de todo con contrato indefinido.. e un longo etcétera, todos eles unidos, sempre, polo fío común dunha lingua que disque estaba a piques de desaparecer.

Sempre que algo estaba a piques de desaparecer na Galiza, a lingua, a cultura, a memoria, o territorio, a fauna, a flora, o patrimonio, a conciencia de clase, a conciencia nacional, algunha montaña, algún río, o arroz con bogavante, os berberechos ou os percebes, existía sempre unha manifestación que declamaba dramáticamente contra a desaparición integral da Galiza e dos galegos. Misteriosamente, ningunha destas cousas chegou a desaparecer de todo e empeñábanse en existir, tanto as máis tanxibles e visíbeis coma aquelas que só poden gardarse na imaxinación, paradoxalmente, coma o que son e foron : realidades esquecidas.

Quizáis o mito da inminente desaparición de todo era unha realidade máis políticamente rentable do que parecía, mais ninguén parecía disposto a matinar nisto e pedir calma á enerxía daquela dramática locomotora que declamaba a desaparición da Galiza a unha velocidade tan enfermiza coma a expansión do capital, o terrorismo de estado e a Yihad globalizada circulando por fibra óptica.

Durante cinco ou seis anos adquirín o costume de asistir a estas asambleas. Non aprendín nada, en verdade. Varons case sexaxenários seguidos por adolescentes ou maduritos que se esforzaban en imitalos adoitaban falar con ton de patriarca de tensions internas e pretéritas que me resultaban alleas por completo, mais eu o que quería era coñecer o meu país, esperando, inxenuamente, que entre todo ese balbordo de manifestacións e asambleas puidese ir elaborando algo semellante a un documental, un relato de relatos que me dese pistas para penetrar nel coma un aguia ratoneira penetra as nubes na caza dalgún roedor. Tiña a inxenua pretensión de esperar que alí podería existir o simple desexo de entender e a xenerosidade de compartir coñecimentos, mais o único que perdibín foi un feixe de consignas ideolóxicas inzadas de ansiosa emotividade.

Cando recordo estas experiencias resúltame imposible non encadralas dentro dun xénero surrealista-satírico. Recordo que adoitaba preguntarme a min mesmo que qué demo pintaba alí cando podería estar aproveitando o tempo  en calqueira outra cousa : tumbarme nos eidos do avó a ler. Nadar. Subir a pé as faldas do monte Faro. Escoitar música. Chamar a algunha amante. Escribir algún artigo. Bosquexar algún ensaio. Fumar cigarrillos de menta. Beber chupitos de xenebra. Poñer patas arriba a miña biblioteca. Mirar pola fiestra até o alborecer. Gardar o cheiro a terra mollada nun frasco. Gritar me cago en “dios” dende o penedo do garabullo. Discutir intencionadamente coa miña nai. Subir a Ribeira Sacra en bici. Debuxar un trisquel na porta da igrexa con sangue de raposo ou organizar unha procesión festiva para solteiros.

Galiza foi sempre para min unha realidade na que, canto máis mergullo o naris, máis conciencia teño do seu descoñecemento. Por algún motivo que se me escapa, xa dende adolescente, un impulso interior levábame tanto á auto-negación como á auto-afirmación; apoderábase de min un desexo moi ambivalente tanto de fuxir coma de esclarecerme, de empoderarme interpretativamente do meu entorno para poder transformalo. Sabía que Galiza era ese lugar, esa situación dende a que proxectar tódalas lecturas que me apaixoaban, ese punto de partida dende o que recibir tódalas influencias posibles para construir unha perspectiva que fose fidel ás perspectivas transmitidas pola tradición e a modernidade de noso, mais proxectándolles un espírito de crítica e reinterpretación coma instrumento de oposición ao imperialismo cultural globalizado, coma horizonte para crear un universo non domesticado polos canons interpretativos dominantes na península ibérica, en concreto, e occidente, en xeral.

Foi por entón que caín na conta de que poucos galegos sentían esta necesidade, de que a meirande parte conformábase cunha producción cultural cada vez máis americanizada e acríticamente folklorizada pola mímese da americanización cultural mesma, producindo o noso propio bollywood atlántico, mais, por suposto, sen industria cinematográfica digna de tal nome.

Caín na conta de que nos conformábamos cunha lingua sen historia e cada vez máis castelanizada, cunha modernidade líquida, ruidosa e indefinida na que cada galego podía ser galego á súa maneira, como reza a canción de Sinatra, mais sen bosquexar os contornos desa galeguidade. E así pasan, e pasan, e pasan os anos : Galiza era e sigue sendo o mellor país do mundo, cos seus programas de entretenimento, coa indiferenza de burócrata dos seus políticos, co seu folklore perpetuamente conxelado no romanticismo do século 19, coa súa linguaxe oficial saída dun exército de administrativos, cun exército de comerciais precarios percorrendo ansiosamente as novísimas autovías con novísimas ofertas, con milleiros de teleoperadoras martillando os ouvidos con novas ofertas de novos seguros, de novas casas, de novos productos, de novos móviles, de novos ordenadores, de novas excursions, de novas rutas hoteleiras, de novos apartamentos; cos seus informativos inzados de estatísticas nas que todo parece estar baixo control, coa súa ausencia de memoria colectiva, sen víctimas nin verdugos, sen víctimas que trocan en verdugos nin verdugos que deveñen en víctimas, coa súa integralmente castelanizada prensa escrita absorbendo centos de millons de euros para uso e promoción do galego, coa súa ausencia de pobres, vagabundos, prostitutas, movimentos sociais, organizacions obreiras, parados, drogodependentes e barrios miseria reproducindo novos barrios miseria, coa súa negación compulsiva dos seus conflictos e problemas, coa inexistencia da guerra global permanente nos debates dos seus tertulianos, coa súa ausencia da palabra nación nos beizos dos seus xornalistas e coa súa auto-reclusión mediática nunha burbulla na que a realidade política internacional merece catro segundos de anécdota ante trascendentes acontecimentos como a desaparición de sete vacas nunha vila lucense ou a celebración de centos de feiras históricas de relembranza da chegada e permanencia das lexions Romanas na Galiza – iso sí, sen a molesta aparición de guerreiras celtas resistindo o seu paso -.

Amordázase tamén a boca da cultura céltica do Atlántico Europeo nacida nos nosos eidos, coas súas estranas e molestas inscripcions grabadas en pedra nunha estrana e molesta lingua non idéntica ao latín, coa súa estrana relixiosidade druidica non idéntica ao cristianismo romano, temida polos Césares nos seus diarios, cos seus estranos megalitos na fronteira entre a vida e a morte non idénticos os ritos funerarios cristians, cos seus estranos círculos fronteirizos na terra indicando a soberanía das súas trebas humanas, non idénticos ás rectilíneas fronteiras administrativas tracexadas por Roma, cos seus estranos fogares circulares alzados en pedra dende a terra húmida non idénticos aos fogares romanos, coas súas propias leises e costumes non idénticas á lex e ás costumes de Roma, coa súa estrana mitoloxía e cosmoloxía non idéntica á mitoloxía e cosmoloxía cristiá.

Porque cal-leach, ou o gallaeciae regnum, nun latín que xa casi ninguén fala para designar a un Reino que xa casi ninguén recorda, ou Galiza, é un país feliz, moi feliz, o país máis feliz do mundo, e ren máis. Descubriu recentemente, despois da morte do dictador con voz de galiña, unha felicidade tan absoluta coma trinitaria : a eterna felicidade dos departamentos de marketing convertindo as súas solitarias igrexas románicas e desérticos paisaxes en postais para reclamo turístico, a serena felicidade dos informativos falando dos seus emigrantes con estatística e a perpetua felicidade dos centos de milleiros de automóviles tracexando neboeiros cinzentos de cor parda nas cidades.

Todo parece estar ben na Galiza. O único problema semella estar dentro do meu corpo, sobre todo se replico que o problema está fóra e non me pertence só a min.

A nación das “babosas”

Creo que é cousa da madurez e o costume; noutras situacions e épocas da miña vida enfadaríame, mais resulta que non, que as covardías mal intelectualizadas de Pedro Puy Fraga xa non me enfadan, causanme risa e lástima. Posto que non me apetece enrollarme retóricamente sen necesidade, vaiamos ao gran e abramos a caixa de Pandora coas xoias do diputado do partido popular de Galicia :

Enunciado número 1 : “Galicia é obxectivamente unha nación, se se lle da un significado cultural, mais non é obxectivamente unha nación, se se lle da un significado xurídico”.

Brillante, era o que nos facía falta, a obxectividade-minifundio : se realidade cultural, entón a Galiza sí nación. Se realidade xurídica, entón a Galiza non nación. Non convén recoñecerlle xuridicidade á Galiza, é evidente porqué, nin á delegación galega da mafia institucionalizada nin á delegación capitalicia que lle escribe tódolos guions.

Vou a desviarme un chisco, caro lector, para que vexas ónde quero chegar. Ben; resulta que hai nada, nadiña de nada, as moi céntricas e colonial-colonizadas – a condición de colonial-colonizado é complexa, sí, mais existe – cortes xerais do estado veñen de recoñecer a condición xurídica dos animais. Dito doutro modo : recoñécese que, coma todo ser vivo dotado de sensibilidade, o animal debe ter a condición de sui iuris, de suxeito xurídico, e esto ten como consecuencia, a efectos tan teóricos coma prácticos, que o animal ten dereito a ter dereitos.

Dito isto, trasládoche a ti, caro lector, a posibilidade de preguntar a Pedro Puy Fraga se os galeguiños culturais – ¿só culturais, eh? – que habitamos esta nación obxectivamente cultural chamada Galiza podremos equipararnos algún día, en plano de igualdade, ao reino animal, posto que recoñecéndoselle recentemente a súa xuridicidade que menos que os galegos poidamos dar un paso máis alá da nosa condición de animaliños culturais e que se recoñeza a nosa xuridicidade tal e como fixeron recentemente as cortes xerais do estado cos camellos, paporrubios, baleas.. e un longuísimo e interminable etcétera.

A ver se me explico; se o estado recoñece a xuridicidade dos animais coma seres vivos dotados de sensibilidade, ¿poderemos os galegos reclamar o mesmo coma seres vivos dotados de sensibilidade ou tiremos que conformarnos co status infra-animal de seres vivos desprovistos de xuridicidade – mais, iso sí, de cultura sí, ¿eh? -. Eu, a verdade, ando un chisco confuso, posto que o feito de que ao reino animal, na súa globalísima internacionalidade, séxalle recoñecida a súa nación xurídica, namentres que aos galegos – e a decenas de millons de seres humanos – non lles sexa recoñecida tal, lévame simplemente a concluir, a efectos prácticos, que o cadelo de Rajoy ou o canario de Cospedal teñen máis status xurídico que calqueira galego : tal e como as gasta o gremio de políticos e lexisladores do Reino de España, non sería mala idea que volva á casa de campo do meu avó paterno e comece a comer herba e andar a catro patas; quizais, deste xeito, os meus rogos á administración central do estado poderían ser atendidos.

Mais a cousa non queda aquí, non, sigamos a cogitatio de ilustrísima Don Pedro Puy :

Enunciado número 2 : “Desexar a independencia sería un desastre para a comunidade”.

Ben, ¿en qué quedamos?, ¿na comunidade autónoma – sen xuridicidade, claro – cedida magnánimamente polos políticos mesetarios da capital de España na transición?. ¿Na nación cultural a secas – sen xuridicidade, off course -¿. ¿En ámbalas cousiñas á vez?. Os inventos verbais maxicamente sintetizados con socioloxía para pijos de laboratorio académico poden casalo todo e con eles todo pode valer. Imaxínense o resultados, a efectos prácticos : Galiza, comunidade disque autónoma políticamente recoñecida polo estado, mais iso sí, sen xuridicidade, e superposta xerárquicamente sobre a nación cultural. ¡Ma cuanto piacere!; no reino da hipocrisía e a estupidez globalizada as moscas poden voar soprando cara abaixo, só fai falla dicilo e convencerse.

Fíxese ademáis o lector que o hipotético desastre do que fala o diputado galego no anceio mesmo de independencia camiña pola tradicionalísima vía de aplicar o correctivo da xuridicidade estatalista e estatolátrica, con violencia castrense incluída, a un futurible desexo socializado de independencia. Nin sequera xa ao proxecto – inexistente, por outra parte, na Galiza – en sí mesmo. Desexar, ese é o problema, o mero feito de desexar iso, para o noso moi liberal e demócrata – ma non troppo – diputado, pasa a ser motivo xustificado de estigmatización moral socializada, de control panóptico e de sospeita ou persecución penal. E, qué quere que lle diga, caro lector, ¿quen sería eu o ninguén para lexislar sobre os desexos proxectivos dun sector cuantitativamente maioritario da sociedade civil se éstes canalizáranse sen violencia e desobedecendo toda a andamiaxe ideolóxica-xurídica dun estado que non entende outra resposta política que aplicar a vella máxima de que a letra – constitucional – da sagrada unidade patria, con sangue, ten que entrar sí, sí ou sí?. ¿Qué Deus, qué rei, qué tribuno da plebe ten lexitimidade mundana ou extra-mundana para isto?. A única resposta é : ningún.

Mais sigamos, e pasemos ao enunciado número 3 :

Enunciado número 3 : “O que vai ben a Galicia é compartir a soberanía co resto de España e Europa”.

¡Brillante, Don Pedro!, faltoulle mencionar somentes a Pekín, Moscú e Washington. Despois de que o reino de España veña de recoñecer xuridicidade aos sapos, as culebras, ás tartarugas e ao perro do hortelano – que nin come, nin deixa comer -, e manténdose nos seus trece de non recoñecer xuridicidade á nación galega, que é o mesmo que dicir ás súas xentes, teñan a etnicidade lingüística, cultural, histórica ou existencial que teñan en orixe, contemporaneidade e dirección, resulta como mínimo unha tomadura de pelo pretender afirmar que a Galiza comparte – sic – soberanía co estado español e Europa. Mais, en fin, aí queda dito, leron ben, compartimos disque soberanía con España e Europa en igualdade de condicions e, ademais, sen xuricidade recoñecida – ¡mirácolo! -, polo menos até que non comecemos de novo a andar a catro patas ou reptemos polo chan como as cobras.

E é que, sanctísima patientia, que os teus concidadans e clase política apresúrense compulsivamente en sacarse responsabilidades denriba negando xuridicidade á súa propia nación mentras o estado recoñece a mesma ás babosas, non deixa de ser, qué queren que lles diga, un pouco sospeitoso e estrano.

Nin moito menos, caro lector, considero que as babosas merezan menos o sol do que eu o merezo, en absoluto, mais o que sí teño claro é que se a nación das babosas ten xuridicidade, a dos galegos debera tela tamén aínda que ás veces, todo hai que dicilo, alguns deles prefiran arrastrarse e babear prevendas ao poder en troques de esixir o que lexítimamente lles corresponde.

Subalternidade ou soberanía – ou epístola aos incrédulos – (Galician)

Sempre existiu ese cainita impulso de humillar en masa a un home sozinho ou a unha minoría con sentido propio – que non común – cada vez que abre a boca ou intenta vivir como pensa. O gregarismo, a máscara cotiá, a hipocrisía e a dupla moral é caseque unha programación atávica longamente consolidada no devir de milenios.

Desque a crenza natalista prendeu no noso caletre colectivo xa no neolítico e coa aparición dos primeiros estados até hoxe, a convicción de que parindo máis almas aumentamos a nosa forza a efectos económico-productivos, tributarios e económico-militares prendeu coma un misto mesmo entre activistas socialistas, femenistas e libertari@s de principios do século 19.

O lector levaríase unha desagradable sorpresa se, ademáis da documentada crenza e práctica natalista, documenta tamén a vinculación d@s activistas e movimentos de época coas crenzas e prácticas euxenésicas, sobre todo entre @s máis preocupad@s pola calidade da poboación que pola cantidade : a absurda convicción de que a transformación social, en sentido progresista, procúrase só coa excelencia – ou o que as vangardas entenden por tal en determinado contexto histórico-cultural -, chegou a levarnos por estas corredoiras enlamadas.

@s outr@s, en termos cultural-identitarios, @s de abaixo, en termos de clase, así como as mulleres, en termos de xénero, foron sempre a trindade obsesivo-compulsiva das élites político-económicas de Europa e tamén das auto-denominadas vangardas opositoras, tanto na Europa medieval coma na Renacentista, na barroca, na ilustrada e na moderna-contemporánea : o pánico cerval a que @s outr@s nos superen en número e ocupen o noso espazo. O terror a que as infra-clases nos superen en número e ocupen o noso espazo . A histeria silenciada por evitar que a muller avance e ocupe os espazos tradicionais dominados polo home. Todo isto, digo, non é máis que o profundo resentimento reactivo ante a posibilidade de perder unha ampla gama de privilexios legais, políticos e económicos históricamente alicerzados nunha ideoloxía que determina unilateralmente o espazo natural que lle corresponde a cadaquen na sociedade polo mero azar de nacer estigmatizado por algunha destas alteridades.

Ós galegos, coma seres que vivimos nunha nación con lingua, cultura, historia, patrimonio, territorio e institucions políticas recíprocamente minorizadas tanto pola acción omisiva das élites de San Caetano e Moncloa coma pola abulia e pasividade maioritaria dunha sociedade civil á que tanto lle da oito coma oitenta, conviríanos, xa que logo, comezar a pensarnos non coma o que nos gustaría ser, senon coma o que somos, a saber : unha nación política e cultural de heteroxénea e desigual composición de clases socialmente desposuída de

1) Institucións educativas e universitarias propias non sometidas ó estatolátrico españolismo pedagóxico, coa súa total sumisión ó violentísimo modelo civilizatorio euroamericano
2) Relato historiográfico propio non subalterno ó violentísimo españolismo estatolátrico
3) Patentes tecnolóxicas propias
4) Capacidade recaudativa soberana
5) Resortes executivos soberanos, no senso político e xurídico do termo

No plano filosófico-político, unha converxencia de movimentos sociais anti-sistémicos sería conditio sine qua non para reverter isto, mais só percibo silencio. No plano da realpolitik diplomática, porén, convén decir que a nosa diplomacia é inexistente. Conviría, xa que logo, espabilarmos una miqueta, mais non quero tirar máis do fío. Xa escoito ao lonxe, entre os propios concidadans, os ladridos dos cans nocturnos masticando o odio dos xornais do réxime.

A historia, si, comeza a cada segundo. E ademáis, a Samuel Huntington, antonte, diagnosticáronlle pánico á incerteza.

Subalternidad o soberanía – o epístola a los incrédulos – (Spanish)

Siempre ha existido ese cainita impulso de humillar en masa a un hombre solitario o a una minoría con sentido propio –que no común– cada vez que abre la boca o se propone vivir como piensa. El gregarismo, la máscara cotidiana, la hipocresía y la doble moral es casi una programación atávica largamente consolidada en el devenir de milenios.

Desde que la creencia natalista germinó en nuestro cerebro colectivo ya en el neolítico y con la aparición de los primeros estados hasta hoy, la convicción de que pariendo más almas aumentamos nuestra fuerza a efectos económico-productivos, tributarios y económico-militares, corrió como la pólvora incluso entre activistas socialistas, feministas y libertari@s de principios del 19.

El lector se llevaría una desagradable sorpresa si, además de la documentada creencia y práctica natalista, documenta también la vinculación de l@s activistas y movimientos de época con las creencias y prácticas eugenésicas, sobre todo entre l@s más preocupad@s por la calidad de la población que por la cantidad: la absurda convicción de que la transformación social, en sentido progresista, debe buscarse sólo con la excelencia – o con lo que las vanguardias entienden por tal en determinado contexto histórico-cultural -, nos ha llevado por estos enlodados callejones sin salida.

L@s otr@s, en términos cultural-identitarios, l@s de abajo, en términos de clase, así como las mujeres, en términos de género, han sido siempre la trinidad obsesivo-compulsiva de las élites político-económicas de Europa y también de las auto-denominadas vanguardias opositoras, tanto en la Europa medieval como en la renacentista, la barroca, la ilustrada y la moderna-contemporánea: el pánico cerval a que l@s otr@s nos superen en número y ocupen nuestro espacio. El terror a que las infra-clases nos superen y ocupen nuestro espacio. La histeria silenciada por evitar que la mujer avance y ocupe los espacios tradicionales dominados por el hombre. Todo esto, digo, no es más que el profundo resentimiento reactivo ante la posibilidad de perder una amplia gama de privilegios legales, políticos y económicos históricamente enraizados en una ideología que determina unilateralmente el espacio natural que le corresponde a cada quien en la sociedad por el mero azar de nacer estigmatizado por alguna de estas alteridades.

A los gallegos, como seres que vivimos en una nación con lengua, cultura, historia, patrimonio, territorio e instituciones políticas recíprocamente minorizadas tanto por la acción omisiva de las élites de San Caetano y Moncloa como por la abulia y pasividad mayoritaria de una sociedad civil a la que parece darle igual ocho que ochenta, nos convendría, así pues, empezar a pensarnos no como lo que nos gustaría ser, sino como lo que somos, a saber: una nación política y cultural de heterogénea y desigual composición de clases socialmente desposeída de

  1. Instituciones educativas y universitarias propias no sometidas al estatolátrico españolismo pedagógico, con su total sumisión al violentísimo modelo civilizatorio euroamericano
  2. Relato historiográfico propio no subalterno al violentísimo españolismo estatolátrico
  3. Patentes tecnológicas propias
  4. Capacidad recaudativa soberana
  5. Resortes ejecutivos soberanos, en el sentido político y jurídico del término

En el plano filosófico-político, una convergencia de movimientos sociales anti-sistémicos sería conditio sine qua non para invertir esta situación, pero sólo percibo silencio. En el plano de la realpolitik diplomática, sin embargo, hay que decir que nuestra diplomacia es inexistente. Convendría, entonces, que espabilásemos una miqueta, pero no quiero tirar del hilo. Ya puedo escuchar a lo lejos los ladridos de los perros nocturnos masticando el odio de la prensa del régimen del 78.

La historia, sí, empieza a cada segundo. Y además, a Samuel Huntington, antes de ayer, le han diagnosticado pánico a la incertidumbre.

Sen destinos – únicos – no universal (Galician)

A unha intelixencia por-vir

Non é una excepción nin unha continxencia; o silencio programado, a brevidade e a asepsia informativas tralo atentado de Estambul, púxonos aos Europeos, de novo, en evidencia, por silencio doloso e cómplice. Ao atentado seguíronlle, instantáneamente, outra serie concatenada de atentados na capital de Bangladesh, Daca, tamén en Arabia Saudí – despois dun intento fallido en Quatif e outro en Medina – e na capital de Irak, Bagdad, o 4 e o 7 de Xullo respectivamente. Por suposto, tamén o silencio, a brevidade e a asepsia informativa compaxinada co ruido de centenares de tertulianos expertos en nada e sabedores de todo, foi a norma.

Recordo perfectamente os días – tensos – dos atentados na sede do diario satírico francés Charlie Hebdo. Recordo, tamén, os días posteriores aos últimos atentados na rede de metro de Bruxelas, a capital belga, así coma os días posteriores ao atentado de París, no restaurante Petit Cambodge : xusto ao día seguinte tódolos medios de comunicación audiovisuais, os informativos e a prensa escrita, ao unísono, amencían con titulares e rapsodias cheas de tráxica e patética grandilocuencia. Case parecía que eran tódolos ministerios do interior de Lady Europa os que falaban a través das bocas dos tertulianos oficiais de cada reino de taifa continental, e tamén, quenes escribían as columnas de opinión, as crónicas apresuradas just in time da prensa escrita do Reino de España e as sesudas propostas de laboratorio diplomático en política exterior sobre a conveniencia de garantizar ante todo a seguridade no mundo libre, predispoñendo a todo o sistema securitario Europeo á caza e captura do terrorismo islámico a calqueira prezo e con calqueira método de intervención. As consecuencias non importaban.

Podo entender o ton solemne ante tamañas carnicerías humanas, cando se verbalizan en quente. Podo entender a rabia e o desexo de aniquilar aos asesinos. O que non podo compartir é o efecto rebote e en cadea : a visceral Islamofobia extendéndose polo ecosistema cultural de Europa; e todo a pesares dos esforzos das comunidades Islámicas en Europa por condear ao unísono o atentado e responder, ao mesmo tempo, á ola mediática socializada de paralizadores estereotipos sobre o que o Islam é, debe ser ou pode chegar a ser, ou sobre cal, incluso, é a súa auténtica natureza totalitaria. Non faltou tampouco á cea o argumento-estrella, a saber : os países árabes son incapaces de entender o noso legado. Legado que, ao parecer, é monopolio intelectual dos Europeos, dos Europeos e de ninguén máis que dos europeos. Isto é : lady democracia e os dereitos humanos.

Deixando de lado o que de ideal radicalmente clásico ten a palabra democracia, e fuxindo das moderneces conceptuais que xustifican a necesidade de administrala a contagotas cara abaixo, supeditándoa cara arriba aos consellos de administración do reino euroamericano globalizado, cabería reflexionar de novo, e moito, sobre un tic discursivo que sempre resalta – e digo sem-pre – en perspectiva comparada : cando os atentados acontecen aquí, no lebensraum Euroamericano, a parálise institucional e a compulsión informativa é escalofriante, até que o orgasmo de rabia e odio amaina unha semana despois, cando os pousos do mesmo xa foron convenientemente sementados. Porén, cando os atentados acontecen alí, no lebensraum oriental, o ton informativo, a súa cantidade e precisión, difumínanse en menos de dous días.

A mensaxe é sempre clara cando o medo chama á porta das inmarcesíbeis institucions de occidente : ¡SOS, o noso mundo, a nosa forma de vida, a nosa civilizatio, debe ser defendida a capa e espada do seu mundo; un mundo no que reina o caos e no que, supostamente, case todos odian na súa integridade a Lady occidente, un mundo no que, supostamente, reina sempre o caos as 24 horas do día, e no que, supostamente, odiase tamén, integralmente, aos fundamentos filosóficos e políticos formais necesarios para a construcción dunha sociedade laica e democrática.

O máis cómico desta batería de estereotipos é que poderían aplicarse tamén ao espazo xeopolítico do occidente euro-americano, que de xestión democrática e laicidade non pode dar, precisamente, moitas leccions. E o máis cómico do suposto anti-occidentalismo ou anti-euroamericanismo dos países árabes e do Islam – moitas veces, repetidamente, dase por suposto que a arabidade e o Islam son unha e a mesma cousa, e por se non bastase con isto, proxéctase sobre ambos esencias identitarias inmutables- é que non teñen fundamento antropolóxico algún : abonda con observar a antropoloxía cultural cotiá en moitas ciudades de moitos países árabes e occidentais, en perspectiva comparada, e caer na conta de que é rotundamente imposible captar elementos absolutamente diferenciadores entre o que é característicamente occidental e o que é característicamente oriental, ou característicamente árabe e característicamente Islámico. Toda creación, material e simbólica, humana, ten elementos dalgo vello, por moi nova que queira autoconsiderarse. Toda creación, material e simbólica, humana, ten tamén semellanzas con algo outro, por moi idéntica a sí mesma que queira auto-considerarse. E sí, toda creación, material e simbólica, ten tamén momentos de continuidade e momentos de ruptura ao longo do tempo.

Oriente, en xenérico, e oriente medio, en concreto, é unha arbitraria e indefinida denominación xeográfica – políticamente interesada – do occidente euro-americano. Naceu tanto para entender como para exercer dominio e influencia sobre o mesmo. O árabe é un termo xenérico que simplifica as moitas variedades faladas do mesmo no planeta. E o Islam, pola súa parte, non é un texto canónico con interpretación ortodoxamente fechada ao pluralismo hermenéutico e interpretativo.

Como adoitamos ser selectivos en tódolos planos – e o recordó non é unha excepción -, ninguén recorda xa aquelas noticias nas que a UE consultaba coas autoridades da república francesa a posibilidade e conveniencia de relaxar durante un tempo as ortodoxias austeritarias da política económica europea para canalizar pingues inversions extra á política militar e securitaria. En resumo, todo o relativo á mesma política anti-terrorista consistente en querer matar moscas a canonazos – e queixarse nun futuro de que as moscas se armen para responder ao agravio -, e todo o relativo, tamén, á política e-inmigratoria do continente, consistente en sorrir diplomáticamente, en facer declaracions de principios e en, finalmente, demostrar con feitos que o único que zona baixo a diplomacia e-inmigratoria do continente europeo é un sonoro Get out of here!

Ninguén recorda, por suposto, a instantánea resposta de Francois Hollande e da aviación da república francesa despois do último atentado en París : bombardear conxuntamente, coa aviación Rusa, a Raqua, a capital Siria. E ninguén recorda, por suposto, o feito de que o silencio mediático foi tan sepulcral coma sepulcral foi a dor dos civiles inocentes e as súas familias despois do bombardeo. Todo isto, de novo, coa complicidade, co silencio responsable e doloso da inmensa mayoría dos gobernos e estados europeos. Todo isto, de novo, co silencio responsable e doloso da ONU e a participación activa da OTAN.

Se algo podemos concluir, á luz dos feitos e as prácticas, é que, sociolóxica, histórica e culturalmente falando, o vello adagio de que ante norte somos todos iguais é rotundamente falso; cando os mortos son os nosos, Lady Europa paga a violinistas e plañideras no enterro para que tensen máis o arco e choren máis intensamente. Mentras tanto, os mortos dos outros quedan encadrados desde a distancia, a vista de páxaro e con rexistro estadístico.

Co paso do tempo, delátase que esa distancia non é máis que o desexo – non públicamente recoñecido, por suposto – de ocultar selectivamente os recordos, as experiencias, os motivos profundos das resistencias e dos conflictos que non podemos captar coa lóxica – discursiva – do sentido común dos grandes poderes euro-americanos. Co paso do tempo, delátase, tamén, a vontade de ocultar selectivamente os duelos e as historias persoais que pongan en dúbida o suposto fundamento laico, pacífico, humanitario e democrático que inspira ás institucions de goberno da UE realmente existente. Lamentablemente, neste carácter selectivo, convén tamén integrar aos imperios consolidados non euro-americanos como Rusia e China, por exemplo, e a aquelas potencias cuxo camino oriéntase cara a vontade de devir en imperio emerxente.

E necesaria unha Europa das periferias resistentes basada nos paradigmas dun decrecimento ecolóxicamente fundamentado. Unha Europa decolonial que volva a re-valorizar a profunda importancia de coñecer e estimar a identidade cultural dos pobos dun xeito holístico. Unha Europa que recoñeza a vontada soberana das nacions que queren devir en estados democráticos e construir modelos de desenvolvimento alternativos ao modelo euro-americano. Unha Europa que reclame o principio do fin dos estados secuestrados no seu exercicio político soberano. Unha Europa da humanización do traballo industrial e da re-agrarización ecolóxica do seu modelo productivo.

Fai xa case unha década que intuín que un Paneuropeísmo con fundamento e práctica totalitaria sería o protagonista nas mal chamadas institucions democráticas da UE. Coma min, moitas outras voces das que me sinto parte, e antes ca min – co cal non quero darmas de euro-crítico avant la letre -, tomaban o mesmo horizonte epistemolóxico e discursivo. Pasan os anos e resúltame imposible ter confianza alguna nos chamados principios fundadores dun ideal europeísta ao que nunca se lle deu contido máis alá do reino do deber ser, do ideal, mais nunca desde a vontade de entender, previamente, o reino do ser no que se paraliza ese horizonte, e dende logo, nunca desde a intención de criticar até que punto, con silencio cómplice e doloso, en nome dos principios fundadores dese ideal europeísta, tratouse de xustificar un modelo de desenvolvimento de colosais e tráxicas consecuencias humanas.

Feitos son feitos : o control paranoico da poboación, das súas pautas migratorias e reproductivas, así coma o policultivo de inimigos e chivos expiatorios que funcionan coma eterno culpable ante a incapacidade para solucionar os propios problemas internos, seguen a ser a norma, non a excepción, na UE realmente existente. A supeditación das políticas fiscais e económicas aos caprichos curtoprazistas dos consellos de administración, seguen a ser a norma, non a excepción, na UE realmente existente. É evidente, así pois, que a Europa Post-Maastricht tutelada por Washington deviu nun monstruo alleo aos intereses cotians dos pobos de Europa. E a culpa disto, por suposto, non a ten, nin o Islam, nin o populismo, nin o coco comunista, nin o euro-escepticismo, nin o euro-criticismo, nin a vontade de independencia das nacions supeditadas a estados que acatan e aplican fidelmente tódalas ortodoxias fiscais e económicas do Eurogrupo, nin o feminismo da igualdade, nin o ecoloxismo, nin o decrecimento, nin a fiscalidade fundamentada no valor equidade/xustiza recaudatoria e distributiva, nin o pacifismo, nin a ética como horizonte da tekné política, nin o diálogo e a ciencia compartida en oposición ao retórico marketing político e ás pseudo-ciencias. Non; acabouse, estase acabando esa Caixa de Pandora chea cun variado surtido de inimigos aos que culpar nos cíclicos momentos de agudización das crises da UE do capital transnacional, e agora é o momento de que os pobos de Europa reclamen unha nova ola de re-democratización globalizada da vida económica e política.

As élites europeas son incapaces de entender – ou, se non o entenden, son remisas a pactar ese horizonte – que o cosmopolitismo e a universalidade dos sistemas sociais e culturais xamais poderán desenvolverse con naturalidade obrigándolles a considerar a UE realmente existente coma un destino único no universal, e o mesmo vale para os estados que obrigan aos seus sistemas sociais e culturais e asumir esa máxima.

Porque, non, Galicia non é un destino único no universal, nin España, nin Europa, nin Francia, nin Portugal, nin Sudáfrica… etc. Os destinos únicos no universal dos sistemas sociais e culturais que asumen a civilizatio neoliberal como horizonte están condeados á reproducción e re-emerxencia dos vellos prexuízos e falsidades de onte, de hoxe e de mañá, e polo tanto, auto-condeanse á auto-destrucción, empobrecemento e esquecemento da importancia do seu territorio, dos seus recursos, da súa paisaxe, dos seus eco-sistemas agro-alimentarios, forestais, fluviais e marítimo-pesqueiros, da súa flora e fauna, da memoria compartida e transmitida dos seus saberes tradicionais, da súa memoria histórica e contemporánea. En resumo : de todo aspecto da súa cultura material e inmaterial que poida servirlles para levar unha vida máis plena e menos dependiente do modelo euro-americano de gobernanza.

Guste ou non guste, existe un euro-escepticismo crítico, democrático de fondo, non só de forma, e rebelde. Existe un euro-escepticismo realista e analítico que camiña con motivación e horizonte contrario a ese euro-escepticismo que deixa ao escepticismo filosófico no armario cando devén políticamente fanático, islamófobo, racista e clasista. Ese euro-escepticismo non quere construir, senon destruir o ideal clásico e moderno de democracia para facer re-existir modelos de gobernanza neo-fascistas no político e neo-liberais no económico.

Tratar de confundir á opinión pública e aos cidadans mesturando, no seu espírito crítico e na súa motivación profunda, moral, ambos euro-escepticismos, é dunha irresponsabilidade e falsidade imperdonable. Convén responder sempre a esa asociación maniquea que leva camino de devir nunha especie de delirio profético secularizado no que todos os malos son sempre euroescépticos e todos os bos son sempre euro-crentes férreos no ideal europeísta que poucas veces quere encherse de contido antes de declamalo aos catro ventos. Por algo será, por suposto : as insuficiencias e incapacidades intelectivas sempre se ocultaron con retórica e toneladas de emotividade dispersa. Adoitan a facelo tanto os poderes constituídos para perpetuarse na súa gobernanza coma os poderes que se queren destituíntes sin alternativa estructurada á mesma.

O único destino no universal susceptible de non devir nunca totalitario, nin sequera intolerante, é aquel que asume que, en cuestions relativas á vontade de humanización da vida civil, política e relixiosa, todo está dito he escrito hai moito tempo… mais todo está por facer. Os crentes e non-crentes que nos criamos nas aventuras, desventuras e perplexidades da Europa contemporánea estamos, ao meu xeito de ver, no mesmo territorio mental e sensible, na mesma situación, na mesma encrucillada entre realidade e desexo, entre o ser eo deber ser, e por isto, estou convencido, transcribindo literalmente unas liñas de Albert Camus en Moral e política, do seguinte :

“Sempre é difícil unir realmente aos que combaten e aos que esperan. A comunidade da esperanza non é suficiente. É necesaria a comunidade das experiencias”.

Nin guerra de civilizacions, nin guerra culturas, nin guerra de relixions. Tódalas humanidades posibles poden construirse tanto dende a razón crítica, como dende a divulgación científica e tecnolóxica, como dende o compromiso político e dende a socialización do logos rellixioso como moral colectiva, non coma dogma formalizado e osificado a perpetuidade. Fraco favor nos facemos a nós mesmos se, nun proxecto de emancipación, consideramos que determinados saberes e ferramentas son susceptibles de tirarse no caixón do esquecemento.

Diego Taboada, a 9 de Xullo de 2016.

Sin destinos – únicos – en lo universal. (Spanish)

A una inteligencia por-venir

No es una excepción ni una contingencia; el silencio programado, la brevedad y la asepsia informativas tras el atentado de Estambul, nos puso a los europeos, de nuevo, en evidencia, por silencio doloso y cómplice. Al atentado le ha seguido, casi instantáneamente, otra serie concatenada de atentados en la capital de Bangladesh, daca, en concreto en la principal mezquita de la ciudad de Medina; también en Arabia Saudí – después de un intento fallido en Quatif – y en la capital de Irak, Bagdad, el 4 y el 7 de Julio respectivamente. Por supuesto, también el silencio, la brevedad y la asepsia informativa compaginada con el ruido de centenares de tertulianos expertos en nada, ha sido la norma.

Recuerdo perfectamente los días –tensos– de los atentados en la sede del diario satírico francés Charlie Hebdo. Recuerdo, también, los días postreros a los últimos atentados en la red de metro de Bruselas, la capital belga, así como los días posteriores al atentado de París, en el restaurante Petit Cambodge: justo al día siguente todos los medios de comunicación audiovisuales, los informativos y la prensa escrita, al unísono, amanecían con titulares y rapsodias llenos de trágica y patética grandilocuencia. Casi parecía que eran todos los ministerios del interior de Lady Europa los que hablaban a través de las bocas de los tertulianos oficiales de cada reino de taifa del continente, y también, quienes escribían las columnas de opinión, las crónicas apresuradas just in time de la prensa escrita del Reino de España y las sesudas propuestas en diplomacia y política exterior sobre la conveniencia de garantizar ante todo la seguridad en el “mundo libre” y predisponer a todo el sistema securitario Europeo a la caza y captura del terrorismo islámico a cualquier precio y con cualquier método de intervención. Sin importar las consecuencias.

Puedo entender el tono solemne ante tamañas carnicerías humanas, cuando se verbalizan en caliente. Puedo entender la rabia y el deseo de aniquilar a los asesinos. Lo que no puedo compartir es el efecto rebote y en cadena: la visceral islamofobia extendiéndose por el ecosistema cultural de Europa, a pesar de los esfuerzos de las comunidades islámicas en Europa por condenar al unísono el atentado y responder, al mismo tiempo, a la ola mediática socializada de paralizadores estereotipos sobre lo que el Islam es, debe ser o puede llegar a ser, o sobre cual, incluso, es su auténtica naturaleza totalitaria. No faltó tampoco a la cena el argumento-estrella: los países árabes son incapaces de entender nuestro legado. Legado que, al parecer, es monopolio intelectual de los Europeos, de los europeos y de nadie más que los europeos. A saber: lady democracia y los derechos humanos.

Dejando de lado lo que de ideal radicalmente clásico tiene la palabra democracia, y huyendo de las moderneces conceptuales que justifican la necesidad de administrarla a cuentagotas hacia abajo, supeditándola hacia arriba a los consejos de administración del reino transnacional globalizado – y, más en concreto, del reino transnacional globalizado euro-americano -, cabría reflexionar de nuevo, y mucho, sobre un tic discursivo que siempre resalta – y digo si-em-pre – en perspectiva comparada: cuando los atentados suceden aquí, en el lebensraum Euroamericano, la parálisis institucional y la compulsión informativa es escalofríante hasta que el orgasmo de rabia y odio amaina una semana después, cuando los posos del mismo ya han sido convenientemente sembrados. Sin embargo, cuando los atentados suceden allí, en el lebensraum oriental, el tono informativo, su cantidad y precisión, se difuminan en menos de dos días.

El mensaje es siempre claro cuando el miedo llama a la puerta de las inmarcesibles instituciones de occidente: ¡SOS!, nuestro mundo, nuestra forma de vida, nuestra civilizatio, debe ser defendida a capa y espada de su mundo; un mundo en el que reina el caos y en el que, supuestamente, casi todos odian en su integridad a Lady occidente, un mundo en el que, supuestamente, reina siempre el caos las 24 horas del día, y en el que, supuestamente, se odia también, integralmente, a los fundamentos filosóficos y políticos formales necesarios para la construcción de una sociedad laica y democrática.

Lo más cómico de esta batería de estereotipos es que podrían aplicarse también al espacio geopolítico del occidente euro-americano, que de gestión democrática y laicidad no puede dar, precisamente, muchas lecciones. Y lo más cómico del supuesto anti-occidentalismo o anti-euroamericanismo de los países árabes y del Islam – muchas veces, repetidamente, se da por supuesto que la arabidad y el Islam son una y la misma cosa, y por si no fuese poco, se proyecta sobre ambos esencias identitarias inmutables – es que no tienen fundamento antropológico alguno: basta con observar la antropología cultural cotidiana en muchas ciudades de muchos países árabes y occidentales, en perspectiva comparada, y caer en la cuenta de que es rotundamente imposible captar elementos absolutamente diferenciadores entre lo que es característicamente occidental y lo que es característicamente oriental, o característicamente árabe y característicamente islámico. Toda creación, material y simbólica, humana, tiene elementos de algo viejo, por muy nueva que quiera autoconsiderarse. Toda creación, material y simbólica, humana, tiene también semejanzas con algo otro, por muy idéntica a sí misma que quiera autoconsiderarse. Y sí, toda creación, material y simbólica, tiene también momentos de continuidad y momentos de ruptura a lo largo del tiempo. Oriente, en genérico, y oriente medio, en concreto, es una arbitraria e indefinida denominación geográfica – políticamente interesada – del occidente euro-americano. Nació tanto para entender como para ejercer dominio e influencia sobre el mismo. El árabe es un término genérico que simplifica a las muchas variedades habladas en el planeta. Y el Islam, por su parte, no es un texto canónico con interpretación ortodoxamente cerrada al pluralismo interpretativo.

Como solemos ser selectivos en todos los planos – y el recuerdo no es una excepción -, nadie recuerda ya aquellas noticias en las que la UE consultaba con las autoridades de la república francesa la posibilidad y conveniencia de relajar durante un tiempo las ortodoxias austeritarias de la política económica europea para canalizar pingües inversiones extra a la política militar y securitaria. En resumen, todo lo relativo a la misma política antiterrorista consistente en querer matar moscas a cañonazos –y quejarse en un futuro de que las moscas se armen para responder al agravio- y todo lo relativo, también, a la política e-inmigratoria del continente, consistente en sonreir diplomáticamente, en hacer declaraciones de principios y en, finalmente, demostrar con hechos que lo único que suena bajo la diplomacia e-inmigratoria del continente europeo es un sonoro Get out of here!

Nadie recuerda, por supuesto, la instantánea respuesta de Francois Hollande y de la aviación de la república francesa después del último atentado en París: bombardear conjuntamente, sin piedad, con la aviación Rusa, a Raqua, la capital Siria. Y nadie recuerda, por supuesto, el hecho de que el silencio mediático fue tan sepulcral como sepulcral fue el dolor de los civiles inocentes y sus familias durante y después del bombardeo. Todo ello, de nuevo, con la complicidad, con el silencio responsable y doloso de la inmensa mayoría de los gobiernos y estados europeos. Todo ello, de nuevo, con el silencio responsable y doloso de la ONU y la participación activa de la OTAN.

Si algo podemos concluir, a la luz de los hechos y las prácticas, es que, sociológica, histórica y culturalmente hablando, el viejo adagio de que ante la muerte somos todos iguales es rotundamente falso; cuando los muertos son los nuestros, Lady Europa paga a violinistas y plañideras en el entierro para que tensen más el arco y lloren más intensamente. Mientras tanto, los muertos de los otros quedan encuadrados desde la distancia, a vista de pájaro y con registro estadístico.

Con el paso del tiempo, se delata que esa distancia no es más que el deseo – no públicamente reconocido, por supuesto – de ocultar selectivamente los recuerdos, las experiencias, los motivos profundos de las resistencias y de los conflictos que no podemos captar con la lógica –discursiva– del sentido común de los grandes poderes euro-americanos. Con el paso del tiempo, se delata, también, la voluntad de ocultar selectivamente los duelos y las historias personales que pongan en duda el supuesto fundamento laico, pacífico, humanitario y democrático que inspira a las instituciones de gobierno de la UE realmente existente. Lamentablemente, en este carácter selectivo, conviene también integrar a los imperios consolidados no euro-americanos como Rusia y China, por ejemplo, y a aquellas potencias cuyo camino se orienta hacia la voluntad de devenir en imperio emergente.

Es necesaria una Europa de las periferias resistentes fundamentada en los paradigmas de un decrecimiento ecológicamente fundamentado. Una Europa decolonial que vuelva a re-valorizar la profunda importancia de conocer y estimar la identidad cultural de los pueblos de un modo holístico. Una Europa que reconozca la voluntad soberana de las naciones que quieran devenir en estados democráticos y construir modelos de desarrollo alternativos al modeo euro-americano. Una Europa que reclame el principio del fin de los estados secuestrados en su ejercicio político soberano. Una Europa de la humanización del trabajo industrial y de la re-agrarización ecológica de su modelo productivo.

Hace ya casi una década que intuí que un Paneuropeísmo con fundamento y práctica totalitaria sería el protagonista en las mal llamadas instituciones democráticas de la UE. Como yo, muchas otras voces de las que me siento parte, y antes que yo – con lo cual no quiero dármelas de euro-crítico avant la letre –, tomaban el mismo horizonte epistemológico y discursivo. Pasan los años y me resulta imposible tener confianza alguna en los llamados principios fundadores de un ideal europeísta al que nunca se le ha dado contenido más allá del reino del deber ser, de lo ideal, pero nunca desde la voluntad de entender, previamente, el reino del ser en la que se paraliza ese horizonte, y desde luego, nunca desde la intención de criticar hasta qué punto, con silencio cómplice y doloso, en el nombre de los principios fundadores de ese ideal europeísta, se ha tratado de justificar un modelo de desarrollo de colosales y trágicas consecuencias humanas.

Hechos son hechos: el control paranoico de la población, de sus pautas migratorias y reproductivas, así como el policultivo de enemigos y chivos expiatorios que funcionan como eterno culpable ante la incapacidad para solucionar los propios problemas internos, siguen siendo norma, no excepción, de la UE realmente existente. La privatización e integración en los selectivos mecanismos de mercado de bienes básicos, universales y necesarios, siguen siendo norma, no excepción, en la UE realmente existente. La supeditación de las políticas fiscales y económicas a los caprichos cortoplacistas de los consejos de administración, siguen siendo norma, no excepción, en la UE realmente existente. Es evidente, así pues, que la Europa Post-Maastricht tutelada por Washington ha devenido en un monstruo ajeno a los intereses cotidianos de los pueblos de Europa. Y la culpa de ello, por supuesto, no la tiene, ni el Islam, ni el populismo, ni el coco comunista al acecho, ni el euro-escepticismo, ni el euro-criticismo, ni la voluntad de indepedencia de las naciones supeditadas a estados que acatan y aplican fielmente todas las ortodoxias fiscales y económicas del Eurogrupo, ni el feminismo de la igualdad, ni el ecologismo, ni el decrecimiento, ni la fiscalidad fundamentada en el valor equidad y justicia, ni el pacifismo, ni la ética como horizonte de la tekné política, ni el diálogo y la ciencia compartida en oposición al retórico marketing político y a las pseudo-ciencias. No; se acabó, se está acabando esa caja de pandora llena con un variado surtido de enemigos a los que culpar en los cíclicos momentos de agudización de las crisis de la UE del capital transnacional, y ahora es el momento de que los pueblos de Europa reclamen una nueva ola de re-democratización globalizada de la vida económica y política.

Las élites europeas son incapaces de entender – o, si lo entienden, son remisas a pactar ese horizonte – que el cosmopolitismo y la universalidad de los sistemas sociales y culturales jamás podrán desarrollarse con naturalidad obligándoles a considerar a la UE realmente existente como un destino único en lo universal, y lo mismo vale para los estados que obligan a sus sistemas sociales y culturales a asumir esa misma máxima.

Porque, no, Galicia no es un destino único en lo universal, ni Europa, ni España, ni Francia, ni Portugal, ni Sudáfrica… etc. Los destinos únicos en lo universal de los sistemas sociales y culturales que asumen la civilizatio neoliberal como horizonte están condenados a la reproducción y re-emergencia de los viejos prejuicios y falsedades de ayer, de hoy y de mañana, y por lo tanto, se auto-condenan a la auto-destrucción, empobrecimiento y olvido de la importancia de su territorio, de su paisaje, de sus eco-sistemas agro-alimentarios, forestales, fluviales y marítimo-pesqueros, de su flora, de su fauna, de la memoria compartida de sus saberes tradicionales, de su memoria histórica y contemporánea. En resumen: de todo aspecto de su cultura material e inmaterial que pueda servirles para llevar una vida más plena y menos dependiente del modelo euroamericano de gobernanza.

Guste o no guste, existe un euro-escepticismo crítico, democrático de fondo, no sólo de forma, y rebelde. Existe un euro-escepticismo realista y analítico que camina con motivación y horizonte contrario a ese euro-escepticismo que deja el escepticismo filosófico en el armario cuando deviene políticamente fantático, islamófobo, racista y clasista. Ese euro-escepticismo no quiere construir, sino destruir el ideal clásico y moderno de democracia para hacer re-existir modelos de gobernanzas neo-fascistas en lo político y neo-liberales en lo económico.

Tratar de confundir a la opinión pública y a los ciudadanos mezclando, en su espíritu crítico y en su motivación profunda, moral, ambos euro-escepticismos, es de una irresponsabilidad y falsedad imperdonable. Conviene responder siempre a esa asociación maniquea que lleva camino de devenir en una especie de delirio profético secularizado en el que todos los malos son siempre euroescépticos y todos los buenos son siempre creyentes férreos en el ideal europeísta que pocas veces quiere llenarse de contenido antes de declamarlo a los cuatro vientos. Por algo será, por supuesto: las insuficiencias e incapacidades intelectivas siempre se han ocultado con retórica y toneladas de emotividad dispersa. Lo suelen hacer tanto los poderes constituídos para perpetuarse en su gobernanza como los poderes que se quieren destituyentes sin alternativa estructurada para apartarlos de la misma.

El único destino en lo universal susceptible de no devenir nunca totalitario, ni siquiera intolerante, es aquel que asume que, en cuestiones relativas a la voluntad de humanización de la vida civil, política y religiosa, todo está dicho y escrito hace mucho tiempo… pero todo está por hacer. Los creyentes y no-creyentes que nos hemos criado en las aventuras, desventuras y perplejidades de la Europa contemporánea estamos, a mi modo de ver, en el mismo territorio mental y sensible, en la misma situación, en la misma encrucijada entre realidad y deseo, entre el ser y el deber ser, y por ello, estoy convencido, transcribiendo literalmente unas líneas de Albert Camus en Moral y política, de lo siguiente:

– “Siempre es difícil unir realmente a los que combaten y a los que esperan. La comunidad de la esperanza no es suficiente. Es necesaria la comunidad de las experiencias.”

Ni guerra de civilizaciones, ni guerra de culturas, ni guerra de religiones. Todas las humanidades posibles pueden construirse tanto desde la razón crítica, como desde la divulgación científica y tecnológica, como desde el compromiso político y desde la socialización del logos religioso como moral colectiva, no como dogma formalizado y osificado a perpetuidad. Mal favor nos hacemos a nosotros mismos si, en un proyecto de emancipación, consideramos que determinados saberes y herramientas son susceptibles de relegarse al cajón del olvido.

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