¿Porqué Palestina?. En primer lugar, porque es el laboratorio militar del sionismo norteamericano y porque quien reproduce sistemáticamente esta verdadera matanza colonial es precisamente el adn de la subjetividad colonizadora : blanca, masculina, occidental y judeo-cristiana fundamentalista. En segundo lugar, porque Palestina es motivo suficiente para empezar a lanzar dardos críticos contra el silencio cómplice de una Europa usamericanizada y otanizada después de la guerra fría y la caída del muro de Berlín. En tercer lugar, porque la causa originaria de esta masacre colonial empezó con el entrecruzamiento de dos justificaciones incompatibles en un mismo lugar : La primera, basada en la necesidad antropológica de trabajar la tierra por imperativo de subsistencia. La segunda, más sofisticada e intelectualizada – como suele intelectualizarse toda dominación -, basada en la justificación teológica del retorno a tierra santa del pueblo elegido y en la instrumentalización política del anti-semitismo europeo como leitmotiv para la construcción de un estado-nación confesionalmente judío para protegerse – sic – del odio a lo judío.

Ningún medio de comunicación europeo resalta hechos que no pueden negarse; por ejemplo, el hecho de que desde el fin de la primera guerra mundial hasta 1948 el espacio geo-político de influencia que el sionismo norteamericano ha ido apropiándose con terrorífica violencia e unilateralidad jurídica era conocido internacionalmente como Palestina. O el hecho de que el mismo nombre, Palestina, fue usado también por las tres religiones monoteístas para hacer referencia a un lugar geográfico menos delimitado y definido que ahora, en la historia contemporánea. Ningún medio de comunicación europeo menciona, tampoco, que en la guerra árabe-israelí de 1948-49 Palestina fue dividida en tres partes : El estado de Israel, Cisjordania y Gaza, y que esa partición de Palestina fue gestionada unilateralmente por el pro-sionista gobierno británico y las castas dominantes de los estados árabes desde la convicción de que las aspiraciones de árabes y judíos en Palestina eran irreconciliables, dando por supuesto, incluso, que la violencia seguiría rebrotando en el futuro.

Ningún medio de comunicación europeo recalca, tampoco, que la semilla de la que hoy conocemos como la ONU, la new league of nations, era una semilla que ya estaba podrida, puesto que Francia, Alemania y USA seguían siendo los poderes dominantes en la misma. Tampoco ningún medio de comunicación europeo recalca que Palestina llegó a ser una entidad política unificada, por primera vez en su historia contemporánea, en 1921. En resumen, el range of opinion de los medios convencionales occidentales está totalmente impregnado de los prejuicios y de una cuidada selección de hechos y datos que no son en absoluto azarosos, cuya intención es fortalecer un relato geopolítico eurocéntrico y colonial. Digo yo, pues, que algo tendrán que decir los sociólogos, artistas, intelectuales… etc, que se posicionan totalmente en contra de este relato eurocéntrico, habida cuenta de que no parece cambiar mucho la cosa en los medios convencionales de occidente. ¿Aparecen siquiera fugazmente estas voces en el universo mediático-politico del Estado?. No; y no por azar. Existen individualidades críticas, pero no corrientes críticas de opinión substantivas.

La historia de la resistencia palestina es la historia de la necesidad de resistir para existir como colectivo. Lo que Santiago Alba Rico ha mencionado en algún artículo como La voz afónica de Palestina ha tenido que re-inventarse constantemente desde la invisibilidad mediática y el total desconocimiento y reconocimiento de las fábricas de opinión pública de occidente, pero también desde la voluntad de dominación y silenciamiento de las petro-monarquías y democracias árabes que comparten los mismos intereses geo-estratégicos que las democracias occidentales.

Como en una historia de amores, odios y traiciones constantes, como en una historia de intereses entrecruzados entre grandes linajes familiares de judíos y gentiles, en ese espacio de alteridad llamado occidente en relación a ese otro llamado oriente, y viceversa, se han venido utilizando siempre, como arma política, discursos esencialistas que proyectan estereotipos y prejuicios recíprocos que, en el fondo, no tienen otra intención que la de desviar el verdadero foco del debate  : el de la hegemonía planetaria de un modelo de desarrollo económico totalmente militarizado y nuclearizado que, además, necesita de una creciente inversión en control y vigilancia de fronteras y seguridad interna para excluir a todos los despojos humanos que produce.

La resistencia palestina, pero no sólo ella, es una resistencia a la visión occidental de lo que es o debería ser la democracia. Es una resistencia, también, al orientalismo esencialista que proyecta occidente y al occidentalismo esencialista que proyecta oriente. La resistencia palestina, pero no sólo ella, es una resistencia a la visión eurocéntrica y afrancesada de lo que es o debería ser el laicismo. La resistencia palestina, pero no sólo ella, es una resistencia a la concepción occidental de lo que es o debería ser el desarrollo económico. La resistencia palestina, y repito, no sólo ella, nos enseña que el imaginario decimonónico de los estados-nación jamás podrá integrar sin conflicto ni exclusión a sociedades civiles lingüística, cultural y confesionalmente plurales.

La resistencia palestina es una resistencia a los fundamentos ideológicos e históricos que justificaron la construcción por genocidio y exclusión, del estado de Israel, pero no implica una negativa a que la sociedad civil de Israel tenga derecho a auto-representarse en entidades propias de gobierno. La resistencia palestina es el derecho de un pueblo a poder auto-gestionar su vida cotidiana y su economía a su modo sin necesidad de imitar el camino único del tecno-cientificista, militarizado y nuclearizado turbo-capitalismo del que el estado de Israel es sólo una parte de un todo civilizatorio que se impone como camino único. La resistencia palestina es una lucha por la reapropiación colectiva de su propia memoria, una memoria hecha de exilios, dolor y rupturas en la que la narración personal no puede separarse de la política debido a la profunda y brutal adversidad de su situación.

Puede ser, quien sabe, que la política de resistencia del pueblo palestino no pueda separarse de aquello que Bárbara Harlow llamaba las literaturas de resistencia, por una razón muy simple : porque cuando un pueblo es totalmente desposeído y aniquilado del discurso público y de su tierra, el único modo que tiene de mantener su identidad colectiva y su lucha es a través de la memoria oral, la poesía, la literatura, y sí, a veces, la violencia. El derecho a decidir del pueblo palestino no puede separarse de su necesidad de resistir. Su necesidad de resistir no puede separarse de su voluntad de ser, de existir como pueblo a través de la palabra y la acción. Y su voluntad de ser no puede pensarse sin relación con la voluntad de poder del sionismo norteamericano y su delirante propuesta civilizatoria a nivel planetario.

Palestina nos enseña a pensar comunidad e imaginario contra-hegemónico, sencillamente, porque la universalidad de su causa enraíza en las mentiras, falsedades e hipocresías de siglos y siglos de colonialismo euroamericano. Aquí nos ha llegado el testimonio de Edward Said y Mahmoud Darwish pero, estoy seguro, muchas y muy diversas serán las voces que aún no conocemos. El pirulí y la capital de Estado, al fin y al cabo, no son más que provincias que algún día soñaron con pretender ser el centro del mundo sólo por atreverse a despreciar a sus periferias.

Espero que las periferias, si algún día se divorcian, no cometan el mismo error.